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Opinión: Un doctor, un amigo, un cristiano

por Mons. Daniel Palau Valero
17/06/2026
Actualitat
viñas

Con el fallecimiento de nuestro querido Joan Viñas, más allá de la tristeza provocada por el impacto de una noticia para la que, lamentablemente, ya nos estábamos preparando, nos corresponde valorar con serenidad y —permitidme decirlo— con un punto de alegría, una trayectoria coherente y llena de fuerza. Buscaríamos los calificativos más relevantes de nuestra lengua para definirlo a él y su manera de actuar y de ser y, aun así, no lo diríamos todo. Condensar la trayectoria vital de cualquier persona en pocas palabras es un riesgo y un error. En el caso de Joan, además, es imposible. Recorrió el camino de la vida a su ritmo, con sus intuiciones, con sus cualidades, con aciertos y errores, como toda persona humana. La grandeza de una vida, sin embargo, se mide por la intensidad con que se ha vivido. En el caso de Joan —digámoslo sin rodeos—, la intensidad ha sido elevada en todos los ámbitos en los que ha participado. Esto forma parte de su buen testimonio. Para todos nosotros, supone una invitación a entregar nuestra vida sin perdernos en detalles superfluos.

Hace pocos días, antes de entrar a visitar a la nueva rectora de la Universitat de Lleida en su despacho, me encontré con un retrato de Joan, junto al de los demás rectores. Me gustó. Se le veía alto, como era, bien dispuesto y, sobre todo, sonriente, transmitiendo salud. Los doctores no tienen todas las soluciones para todo, pero saben situarse ante muchos escenarios de fragilidad, del tipo que sea. Con todo, no es lo mismo un doctor que sonríe que uno que no lo hace. La tarea humanizadora del personal sanitario fue una de sus prioridades, aquí y en todas partes. Un doctor que iba más allá de la gestión, pero no sin ella, porque toda institución, sea cual sea, no puede olvidar nunca a las personas.

Joan estaba comprometido con los más débiles, los más desfavorecidos, es decir, con todos. Y lo ha estado hasta el último momento, sugiriendo que, en lugar de flores, quienes quieran honrarlo hagan un donativo a Arrels. Iba a todas partes y se hacía presente en la medida de sus posibilidades, que eran casi infinitas. En cualquier lugar, si se le pedía, ofrecía su testimonio, no solo el de la enfermedad, vivida familiarmente con valentía, resistencia y paciencia, sino también el de su fe. Una fe vivida en casa, con los amigos y en la Iglesia. No podía ser de otra manera.

Su testimonio es el de un gran cristiano que nos ha edificado a todos, incluso a mí, recién llegado a Lleida. Nunca dejaba de celebrar la fe, de rezar, de escribir, de pensar y de ponerse al servicio de quien hiciera falta. La grandeza de su vida se percibía en el valor que otorgaba a las pequeñas cosas y a las relaciones humanas de calidad. Su trabajo y su vocación coincidieron, porque se trataba de vivir y ayudar a vivir. De una manera generosa, esperanzada y fraterna, estuvo implicado en este profundo sentido de amar la vida.

Se marcha un doctor, un amigo y un cristiano: el Joan que todos hemos podido conocer, saludar y con quien hemos compartido momentos inolvidables y de gran intensidad. Pero nos queda un legado de ciencia, de responsabilidad, de fraternidad y de fe que nunca podremos olvidar. Gracias, Joan.

 

+ Daniel Palau, Obispo de Lleida