|30-03-26| Coincidiendo con el inicio de la Cuaresma, los restauradores José A. Ferrer y Lluís Capdevila comenzaron, en su taller de la calle Ballester —a pocos metros de la iglesia de la Sang—, los trabajos de restauración del Santo Cristo que su Cuerpo de Portadores saca en la Procesión del Santo Entierro la noche de Viernes Santo.

 

La restauración de esta imagen tiene una gran importancia simbólica para la Congregación de la Sang, ya que une, en su historia, la Procesión del Santo Entierro de antes de la Guerra Civil con la primera recuperada una vez finalizada la contienda bélica.

 

Cabe destacar, además, que el Santo Cristo fue bendecido por el obispo Daniel el pasado día 20 de marzo, al final de la última Misa del Quinario, con el acompañamiento de la Coral del Mater Salvatoris.

 

Lo explican muy bien los historiadores y congregantes, los recordados esposos Romà Sol y Carme Torres, en su Historia de la Congregación de la Sang:

“...cuando la Cuaresma volvió a observarse con austeridad y la Semana Santa a vivirse con fervor. Es el momento en que la Congregación de la Sang volvió a organizar la procesión del Santo Entierro. Durante ocho años no había podido hacerlo. Las imágenes y pasos habían sido destruidos. Todo debía rehacerse. Fue el Viernes Santo, 7 de abril de 1939, cuando volvió a salir la procesión. Era la primera que recorría las calles de Lleida. Los rostros de la gente reflejaban la ilusión del momento y había lágrimas en muchos ojos. Lágrimas de duelo y alegría, como en la propia Pasión. Duelo por la pasión vivida en carne propia; alegría por el renacimiento en la vida del espíritu. Es la procesión más pobre —solo el Santo Cristo— y al mismo tiempo la más rica que se ha hecho jamás. Nunca se hizo con tan pocos medios, pero nunca tampoco fue vivida tan intensamente.”

 

Los restauradores destacan que la imagen es de pasta de madera, material que —según explican— permite “una muy delicada definición de los volúmenes, particularmente de las facciones, manos y pies”. Podemos decir que es una digna imagen de la Escuela de Olot.

 

Lluís Capdevila y José A. Ferrer, este último también congregante de la Sang, explican que la imagen presentaba una oxidación cromática muy acentuada, así como algunas fisuras y golpes que la habían deteriorado: “Se ha procedido a la eliminación de la película de humos, grasas y polvo acumulada. A continuación, hemos consolidado las fisuras e igualado volúmenes. Una vez asegurada estructuralmente, hemos aplicado la cromática propia de un Santo Cristo muerto (perfil e iconografía), poniendo mucha atención en la volumetría propia de la imagen, a fin de obtener la máxima expresión en el uso del color. El rostro del Santo Cristo se ha fileteado y ornamentado. En cuanto a la cruz, se ha pulido la madera y barnizado de nuevo en un tono que permite un mayor contraste con la imagen.”

 

Cabe mencionar que los restauradores han recuperado también, de nuevo, las tres antiguas molduras de madera de los extremos de los brazos de la cruz, que se habían perdido. Han sido realizadas con su policromía original y embellecidas con pan de oro.

 

El Santo Cristo de la Sang, con sus 87 años de historia, es la imagen más antigua de la Procesión del Santo Entierro y necesitaba sin duda una restauración cuidadosa y exquisita. Los restauradores Ferrer y Capdevila han realizado un buen trabajo.

 

Texto: Jordi Curcó en la revista de la Sang 2026