
|09-02-26| 'EMÉRITOS' es el programa de TRECE que repasa la vida y la trayectoria de las figuras eclesiásticas más destacadas de la historia reciente de nuestro país y en su último programa lo ha dedicado al obispo Salvador Giménez. Desde su nueva residencia en Valencia, Giménez Valls afronta esta etapa con una rutina de oración, lectura y ayuda en la parroquia de San Valero, aunque confiesa su preocupación por los derroteros de la sociedad actual.
Uno de los temas que más le inquietan es el individualismo exacerbado que percibe en la sociedad. "A mí me parece que el Evangelio de Jesucristo nos aconseja y nos manda a todos precisamente lo contrario", ha afirmado. En este sentido, ha lamentado que fenómenos como la soledad no deseada se hayan convertido en una 'epidemia silenciosa', y ha defendido que la respuesta cristiana pasa por 'abrir nuestro corazón a los demás' y 'preocuparnos de los más necesitados'.
Otra de sus grandes preocupaciones es la crisis de vocaciones. Giménez Valls cree que la responsabilidad es compartida y apunta también a las familias. "Yo creo que las familias cristianas hoy no están totalmente interesadas por el mundo de las vocaciones", ha señalado. Según su experiencia, cuando un joven plantea su deseo de ir al Seminario, la primera reacción de un padre católico suele ser: "piénsate lo bien. Primero estudia, haz una carrera y después ya veremos. Y ese después no llega casi nunca".
El conflicto con la diócesis de Barbastro-Monzón por las obras de arte, un mal trago para Giménez Valls
El obispo emérito de Lleida ha abordado uno de los capítulos más complejos de su ministerio: el litigio por los bienes de la Franja del Aragón Oriental. Este conflicto marcó sus diez años al frente de la diócesis catalana. El litigio se originó cuando las parroquias aragonesas, que pasaron a la diócesis de Barbastro-Monzón en 1995, reclamaron 130 obras de arte que se encontraban en el Museo Diocesano de Lleida desde hacía casi un siglo.
Giménez Valls ha confesado el dolor que le produjo la dureza del conflicto, especialmente las acusaciones contra sus predecesores. "Para mí el escándalo mayor", ha recordado con tristeza, "era cuando oía en la prensa y acusaban al obispo Meseguer y a sus sucesores de ladrones". El prelado ha admitido haberlo vivido "muy mal", hasta el punto de calificar su comparecencia en el juicio como un momento crítico en su vida.
Lo ha descrito como una experiencia desoladora: "El día más negro de mi historia personal fue el juicio en Barbastro". A pesar de que los tribunales civiles dieron la razón a la diócesis de Barbastro-Monzón, el caso sigue recurrido ante el Tribunal Supremo, ya que, según Giménez Valls, "la gente de Lleida continuamos pensando que era normal que estuviera en un museo de allí".
Una vida feliz de servicio y gratitud: "mi ilusión era dedicarme al mundo de la docencia"
Más allá de los conflictos, Giménez Valls ha recordado una vida que define como feliz. Nacido en Muro de Alcoy en 1948, su vocación estuvo muy ligada a la parroquia desde niño, donde fue monaguillo. Ha destacado la figura del párroco de su pueblo, Alberto Collado, como una mediación de Dios, así como el apoyo incondicional de su madre, Lola, que "vivía mucho la experiencia de dios, y le hacía muchísima ilusión que yo fuera sacerdote".
A lo largo de su ministerio, que le llevó a ser párroco, rector de seminario y obispo auxiliar en Valencia antes de ir a Menorca y Lleida, siempre ha mantenido una gran pasión por la docencia. "Si no hubiera sido sacerdote, mi ilusión era dedicarme al mundo de la docencia", ha reconocido. Con todo, hace un balance de gratitud y plenitud.
Su balance vital es profundamente positivo y agradecido. "He sido muy feliz en mi vida y no tengo más remedio que agradecer lo que la Iglesia me ha permitido", ha concluido.
