Un grupo de 30 peregrinos leridanos, acompañados por el consiliario Mn. Xavier Jauset y la presidenta Marta Figuera, ha vivido en Toledo unos días de oración, fraternidad y confianza en la misericordia de Dios, coincidiendo con el Año Jubilar de la Catedral Primada. A continuación podéis leer la crónica de la mano de Marta Figuera.
XVIII Encuentro Nacional de la Divina Misericordia
TOLEDO
«Jesús, yo creo en ti,
Jesús, yo espero en ti,
Jesús, yo te amo,
Jesús, confío en ti.»
Este año, un grupo de 30 peregrinos de Lleida hemos tenido la alegría de viajar a Toledo para participar en el XVIII Encuentro Nacional de la Divina Misericordia, celebrado los días 24 y 25 de octubre en la archidiócesis de Toledo.
Nos han acompañado nuestro consiliario, guía espiritual y alma del grupo, Mn. Xavier Jauset, y nuestra querida presidenta, Marta Figuera, con quienes hemos compartido unos días inolvidables de fe, oración, fraternidad y convivencia.
Una peregrinación llena de descubrimientos y espiritualidad
Llegamos a Toledo en la tarde del jueves 22 de octubre. Durante el trayecto, hicimos una parada en Medinaceli, una preciosa villa medieval de Soria que nos cautivó con sus calles empedradas, sus casas de piedra y su impresionante arco romano, testimonio de un pasado lleno de historia.
En Toledo tuvimos el privilegio de alojarnos en el convento de los Carmelitas Descalzos, un edificio del siglo XVII, de arquitectura austera y elegante, situado en el corazón del casco histórico. Un auténtico remanso de paz y espiritualidad, fiel a la tradición carmelitana, donde cada mañana nos uníamos con alegría a la oración de laudes de los tres religiosos carmelitas. Aquellos momentos de oración compartida, acompañados de cantos, fueron una manera muy especial de comenzar cada jornada.
Antes del inicio del Encuentro, aprovechamos para descubrir los tesoros de Toledo, conocida como la ciudad de las tres culturas. Su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conserva un legado extraordinario de convivencia y de influencias cristianas, judías y musulmanas.
Uno de los momentos más espectaculares fue asistir a El Sueño de Toledo, en el parque Puy du Fou España. Una representación nocturna fascinante que, a través de la música, la luz, los efectos escénicos y cientos de actores, nos transportó a lo largo de 1.500 años de historia.
También visitamos la majestuosa Catedral Primada, el Alcázar, el monasterio de San Juan de los Reyes, la iglesia de Santo Tomé, donde se conserva El entierro del conde de Orgaz, una de las obras maestras de El Greco, la mezquita del Cristo de la Luz, el barrio judío y el Mirador del Valle, desde donde contemplamos una de las panorámicas más bellas de la ciudad.
Todo ello nos permitió disfrutar de un rico patrimonio artístico, cultural y religioso, que nos ayudó a descubrir la belleza y la historia de esta ciudad tan singular.
Un encuentro de fe, fraternidad y misericordia
Más allá de las visitas culturales, el verdadero sentido de nuestra peregrinación era participar en el Encuentro Nacional de la Divina Misericordia.
Fue una gran alegría reencontrarnos y compartir estos días con miembros del Apostolado procedentes de diferentes lugares, unidos por una misma fe y por el deseo de crecer en la confianza en el Señor, rico en misericordia.
Una circunstancia especialmente significativa fue que nuestra estancia coincidiera con la celebración del VIII Centenario de la Catedral Primada de Toledo, corazón espiritual de la archidiócesis, que vive con esperanza su Año Jubilar. Un tiempo de gracia que nos invita a volver la mirada hacia Cristo, a abrirle el corazón y a dejarnos transformar por la fuerza de su amor misericordioso.
El Encuentro se convirtió, así, en una experiencia profunda de comunión y renovación espiritual, que fortaleció los lazos entre los miembros de la gran Familia de la Divina Misericordia y reavivó en nosotros el deseo de ser testigos del amor de Dios en medio del mundo.
La misericordia de Dios, fuente inagotable de esperanza
A lo largo del Encuentro tuvimos la oportunidad de escuchar dos conferencias que nos ayudaron a profundizar en la riqueza de la espiritualidad de la Divina Misericordia, fundamentada en el mensaje que Nuestro Señor confió a santa Faustina Kowalska y que, por medio de ella, se ha extendido por todo el mundo.
Es un mensaje profundamente esperanzador, que nos revela que la grandeza y el poder de Dios no se manifiestan en la fuerza ni en la imposición, sino, sobre todo, en la ternura de su perdón y en la inmensidad de su misericordia.
El amor misericordioso es una de las expresiones más profundas del misterio de Dios. Un amor que brota de su Corazón y se vuelca generosamente sobre toda miseria humana, para sanar las heridas, levantar a los caídos y devolver la esperanza a los corazones afligidos.
La misericordia divina es más grande que nuestras debilidades, faltas y pecados. Por mucho que nos hayamos alejado de Dios, su amor no deja nunca de buscarnos. Cuando nos acercamos a Él con un corazón sinceramente arrepentido, Él nos acoge, nos perdona y nos ofrece la gracia de empezar de nuevo.
Basta con abrirle el corazón con humildad y arrepentimiento sincero para descubrir la ternura de un Padre que siempre nos espera con los brazos abiertos.
En este camino de confianza, la oración ocupa un lugar esencial. Santa Faustina nos lo recuerda en su Diario:
«Mediante la oración, el alma se arma para afrontar cualquier batalla. En cualquier condición en que se encuentre el alma, debe orar (...). Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye mediante la oración.» (Diario, n.º 146).
Sábado: una jornada de oración y profundización espiritual
El Encuentro comenzó con la recepción de los participantes en el Parque de las Tres Culturas. Desde allí iniciamos el rezo del Santo Vía Crucis hasta la parroquia de San Julián, acompañando espiritualmente a Jesús en el camino de su Pasión.
La primera conferencia estuvo a cargo del Sr. Estanislao Martín Rincón, presidente del Apostolado de la Divina Misericordia de Toledo, que nos habló de «Las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia. Fundamentos de esta espiritualidad».
Su exposición, muy enriquecedora y clarificadora, nos permitió profundizar en las cinco formas principales de culto a la Divina Misericordia: la imagen de Jesús Misericordioso, la Fiesta de la Divina Misericordia, la Coronilla, la Hora de la Misericordia y la propagación de esta devoción.
A continuación, nos trasladamos a la Catedral Primada, donde rezamos juntos la Coronilla de la Divina Misericordia y participamos en la celebración de la Santa Misa, presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Francisco Cerro Chaves, arzobispo de Toledo.
Por la tarde, quienes lo desearon pudieron participar en una vigilia de oración en la parroquia de Santa Teresa, un espacio de silencio y recogimiento para seguir poniendo el corazón en manos del Señor.
Domingo: «La confianza es el alma de la devoción»
La jornada del domingo comenzó con la conferencia «La misericordia de Dios, única esperanza de salvación», a cargo de Mn. Valentín Aparicio Lara, profesor de Sagrada Escritura y vicerrector del Seminario Mayor de San Ildefonso de Toledo.
La conferencia, celebrada en el Santuario de los Sagrados Corazones, antigua iglesia de los Padres Jesuitas, fue uno de los momentos más significativos del Encuentro.
Con palabras profundas y comprensibles, el conferenciante nos transmitió una verdad esencial que resonó con fuerza en nuestros corazones:
«La confianza es el alma de la devoción a la Divina Misericordia.»
Una afirmación que resume el corazón de esta espiritualidad: abandonarnos al amor de Dios, confiar plenamente en su bondad y no perder nunca la esperanza, ni siquiera en medio de las dificultades y las pruebas de la vida.
Después de la conferencia, volvimos a la Catedral Primada para rezar de nuevo la Coronilla y participar en la Santa Misa, presidida también por el arzobispo de Toledo.
El Encuentro se clausuró con una comida de fraternidad en el Hotel Beatriz Toledo Auditorium. Fue una ocasión entrañable para compartir las vivencias de aquellos días, expresar nuestra alegría y despedirnos con el corazón agradecido por todo lo que habíamos recibido.
Volvemos a casa con el corazón lleno de agradecimiento
El viaje de regreso también tuvo su encanto. Entre chistes, sorteos, conversaciones, risas y experiencias compartidas, el camino se nos hizo corto.
Volvíamos a casa con la maleta llena de recuerdos, pero, sobre todo, con el corazón lleno de alegría, paz y gratitud. Nos llevábamos la belleza de los lugares visitados, el calor de la fraternidad vivida y, muy especialmente, la certeza renovada de que la misericordia de Dios es una fuente inagotable de amor y esperanza.
Esta peregrinación nos ha recordado que la Divina Misericordia no es solo una devoción, sino una invitación a vivir cada día con más confianza en Dios, a acoger su perdón y a convertirnos, también nosotros, en instrumentos de misericordia para con los demás.
Porque lo que hemos recibido como un don no podemos guardarlo solo para nosotros: somos llamados a compartirlo y a hacer presente el amor misericordioso de Dios en nuestra vida cotidiana.
Desde aquí, los devotos de la Divina Misericordia de Lleida os animamos de todo corazón a uniros a nuestro grupo de Apostolado y Oración. Os invitamos a descubrir la belleza de esta espiritualidad, a compartir la alegría de la fe y a experimentar la paz que nace de poner toda nuestra confianza en el Señor.
Es un regalo para el alma y una invitación a caminar con esperanza, sabiendo que, sean cuales sean las circunstancias de nuestra vida, la misericordia de Dios es infinita y su amor no nos abandona nunca.
¡Jesús, confío en ti!
Apostolado de la Divina Misericordia de Lleida