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La audacia de evangelizar

El segundo fin de semana de marzo celebramos,  en la universidad de la mística -Ávila-, la 8ª edición de la cátedra Francisco Palau. Asistimos un centenar de personas.

Ahondamos en la dimensión evangelizadora de su legado. Así, viviremos con mayor conciencia y coherencia el trecho a recorrer, desde nuestra posición actual. Por el estrado desfilaron figuras relevantes de Iglesia, autoridades en diferentes cuestiones.

Iniciamos la cátedra  atentos a la condición misionera de la Iglesia. Con tinte inconfundible: inagotable deseo de brindar misericordia. Nos detuvimos, luego, en la primera comunidad cristiana. Ella, pionera en el devenir eclesial, icono de éxodo y don. Teresa de Lisieux nos abrió el alma, de par en par, hasta introducirnos en sus mejores fondos. Descubrimos, allí, las profundas razones para devenir patrona de las misiones. Sin abandonar su clausura, ¡claro!. Descubrimos nuevas formas de evangelización a través del cine. Más tarde, la dimensión socio-política de la evangelización. Recorrido histórico desde la época de cristiandad a la autonomía de las realidades: escenario actual. El testimonio de una misionera de vanguardia caló hondo en el auditorio y  concluyó este módulo  englobante.

Buceamos, desde ese momento, en la figura de Palau. Contemplativo itinerante. Estilo diferente al de su hermana Teresa de Lisieux. Rastreamos en sus misiones populares, acaecidas en la última etapa de su recorrido. Nos sobrecoge. La radiografía que de él nos ofrecen es la de hombre confiado, audaz  y, por ello, interpelador.

Contemplativo en las calles, tareas, compromisos eclesiales y humanitarios, nos presenta los areópagos de su época -como un desafío-. Semejantes a los nuestros.

Todos resultaron lugar de misión para Francisco Palau. Él los transitó con el fin de aliviar tanto sufrimiento y sinsentido como los entretejía. De optimizar el entorno, también. Priorizó la atención a los enfermos. Dolencias, derivadas de necesidades básicas, desatendidas. Hasta presentar cuadros de perturbaciones mentales. Apoyo espiritual: predicación, confesonario. Al finalizar sus misiones debía prolongar su estancia. ¿Razón?. Se formaban prolongadas filas humanas para acceder a su confesonario. Le percibimos buen predicador. Recorre el territorio. De las islas a la península y viceversa. En la península, aunque su centro se encuentra en Barcelona, recorre el resto de las ciudades catalanas: Lleida entre ellas. No reduce su misión al entorno cercano. ¡No!. Acude, en varias ocasiones, a otras ciudades. Madrid entre ellas. Solicitan su presencia desde la corte y, entre los oyentes de sus conferencias cuaresmales se cuenta al mismísimo nuncio apostólico. Solicitud reiterada. Lo cual pone de relieve sus excelentes dotes de comunicador. Formación de cristianos adultos. Confiaba dieran razón de su esperanza en los sectores, propios de su condición laical. Acompañamiento a seminaristas. Soñaba fueran más servidores que funcionarios eclesiales. Atención a las desigualdades sociales sufridas por inmigrantes del mundo rural. Hacinados en el cinturón de Barcelona: la gran urbe industrial.  Medios de comunicación. Aunque en su época el cine no había presentado su tarjeta de visita sí se sirvió de la pluma para evangelizar: escritor, periodista, director de un semanario. Acentuó los valores femeninos. Razón por la cual pudo alumbrar su obra fundacional: el carmelo misionero. Cuidó del planeta, con solicitud particular, con admiración reverente. Lo admiramos, también, en su fecundidad de fundador. Padre y guía de diferentes grupos. Al día de hoy, permanecen dos familias femeninas. Con carisma común e historias diferentes.

Evangelización  apoyada en actitudes - soporte: tendió puentes, practicó la empatía, acercó distancias. Tal cimiento hundía sus raíces en su interioridad. Y es ahora, cuando emerge vigorosa, en su existencia, como en tantas otras, la persona bienaventurada. Consolidada en sus mejores fondos, poco a poco se transformó en audacia evangelizadora. Como factor aglutinante, la inconfundible categoría de comunión eclesial. Toda una invitación personal y colectiva.

Gna. Ester Díaz S., carmelita missionera.