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Valentía para dar razón de nuestra fe

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Prop de vosaltres (Bisbe Salvador)
Producció
Data publicació: 
25/10/2015
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Valentía para dar razón de nuestra fe

Hay frases que golpean mucho la mente de los lectores. En la Biblia podemos encontrar gran cantidad que nos hacen pensar y nos complican la vida. Me pasa a mí siempre que leo esta frase de san Pedro: “Dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia...” (1Pe 3, 15-16). Es una obligación de todo cristiano explicar lo que cree y por qué motivo. No puede permanecer callado si alguien le pregunta por su fe. Siempre ha sido así, desde los consejos de los primeros apóstoles hasta la predicaciones actuales. No hay excepciones. Es una recomendación que sirve para los pastores y para todos los miembros del Pueblo de Dios.

Conocemos personas que se toman muy seriamente en su vida las consecuencias de su fe. Me ha impresionado leer la biografía del mártir Francisco Castelló (1914-1936), del que todos vosotros habéis tenido noticia y que fue beatificado el año 2001. Es impresionante la valentía que muestra en su vida ordinaria para responder a quien le pregunta por su fe. Manifiesta una absoluta coherencia y no renuncia a declararse católico, seguidor de Jesucristo, sabiendo que eso le lleva a una muerte segura.

Con esa actitud del joven mártir ante la vida y para afrontar la muerte nos proporciona a los demás motivos para continuar en nuestra vida ordinaria siendo valientes y auténticos cristianos. No es una opción sólo del pasado, en la actualidad llena la vida de sentido y nos ofrece el camino de la felicidad de Jesucristo. Asociaba la grandeza de este mártir, paisano nuestro, con la lectura de un pequeño libro que acababa de leer. Y en su contraportada decía el autor “Este libro es una defensa de la emociones cristianas. Y se titula Impenitente porque no pienso pedir perdón por ello”. Y más adelante insistía: “Creo en Dios, para mí el cristianismo tiene sentido y estoy harto de que ustedes, los ateos y agnósticos, se crean más listos que yo”. Quien esto afirma es un inglés, F. Spufford, profesor de literatura, intelectual progresista que demuestra en las páginas de su libro que se puede ser creyente y vivir en el mundo del siglo XXI sin aguantar que nadie le venga a perdonar la vida.

No se me ocurre utilizar la misma provocación hacia los demás. O pedir el cumplimiento de lo mismo que los creyentes exigen, desde determinadas instancias, de forma reiterada y, a veces, irrespetuosa. Es, desde luego, la explicación razonada de nuestra fe una obligación que hemos aceptado con libertad y que reclamamos con coherencia hasta el final de la vida. Queremos los cristianos intentar cumplir, hasta la última tilde, el mandato del Señor. Y además anunciarlo con fortaleza y paciencia. El papa Francisco añadiría que lo hiciéramos siempre con alegría, mostrando la felicidad en el rostro que, a su vez, es el reflejo de nuestro corazón.

            En esta sociedad plural conviven varias cosmovisiones y deseamos, como distintos, tratar y ser tratados con respeto. Todos tenemos el derecho de manifestar y vivir con libertad nuestras creencias y todos podemos ser objeto de preguntas o interpelaciones. Cada uno debe tener y dar sus razones que son similares para creyentes como para ateos y agnósticos. Sin imposiciones ni coacciones por parte de nadie. También sin burlas o desprecios. En ocasiones algunos cristianos tienen la impresión de que su fe es considerada por ciertos sectores como infantil, antigua o inútil para afrontar los problemas actuales. Lo mismo cuando se esgrime la contraposición con la ciencia o la técnica que, por supuesto, alardea de superioridad frente a aquélla. O lo que es peor como la autora de las guerras y los enfrentamientos locales y mundiales. Como si los males de este mundo fueran patrimonio exclusivo de las comunidades creyentes. Es demasiado fácil e injusto ese análisis. Hemos tenido y tenemos los cristianos numerosos ejemplos de valentía, autenticidad y amor sin límites a los demás, movidos por su fe cristiana como el mártir Francisco Castelló.

 

                                                                                  +Salvador Giménez

                                                                                  Obispo de Lleida