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Ayudando a vivir (Obispo Joan)
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Fecha publicación: 
Dom, 10/13/2013
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Este domingo nos reunimos en Tarragona para celebrar con gozo la Beatificación de hermanos y hermanas nuestros que han dado la vida por Jesucristo, en varios lugares de España, durante la persecución religiosa de los años treinta del siglo veinte, y que la Iglesia reconoce solemnemente. El próximo domingo, en nuestra Catedral, daremos gracias al buen Dios pidiendo recibir, por su intercesión, la luz y la fortaleza necesarias para vivir y anunciar con valentía y humildad el Evangelio de salvación (Ef 6,19).

"La Iglesia siempre ha creído que los Apóstoles y los mártires, que han dado el supremo testimonio de fe y amor con su sangre, están vinculados más íntimamente a nosotros en Cristo (que otros hermanos que viven ya en la gloria). Por ello, los venera con especial afecto, junto con la bienaventurada Virgen María y los santos ángeles, e implora piadosamente la ayuda de su intercesión" (Lumen Gentium 50).

La vida y el martirio de estos hermanos y hermanas, por los que damos gracias, tienen en común algunos particulares: son verdaderos creyentes, personas de fe madura, sólida y firme, y personas de oración centrada sobre todo en la Eucaristía y en la devoción a la Virgen. Muchos de ellos no aceptaron ser infieles a su identidad cristiana cuando les ofrecían la posibilidad de librarse de la muerte. Ni se dejaron intimidar por las coacciones físicas o morales. Es más, han sido modelos de la fe hasta morir perdonando y reproducido el modelo de nuestro Maestro, Jesús, que es el mártir "tipo".

El martirio es una forma de identificación con Cristo, no la única pero sí la más eminente, dado que al mártir se le concede la gracia especial de parecerse a Jesús en su muerte en Cruz. Él, con su sacrificio voluntariamente aceptado, da el testimonio supremo de fidelidad a la misión que el Padre Dios le ha confiado: da la vida dando testimonio de la verdad (Jn 18,37) y perdonando a sus verdugos. Esta identificación, según el gran Orígenes, tiene como fundamento un gran amor a la persona de Jesús y un inmenso deseo de Dios. El mártir se pregunta con el salmista: "¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?".

Seguramente a nosotros no se nos pedirá el testimonio de la sangre, pero sí el de la fidelidad que todo bautizado debe dar cada día en su realidad ordinaria y que, tantas veces es como un nuevo martirio: el de aquel que es llamado a vivir contra corriente en muchos aspectos. Un testimonio que nunca es fácil.

En realidad Jesús sólo nos pide una cosa: que seamos agradecidos; que respondamos con amor al infinito amor recibido, y ésta ha sido la respuesta que han dado y siguen dando tantos hombres y mujeres que viven su fe cristiana con fidelidad. 

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+Joan Pirirs Frígola, Obispo de Lleida