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Nuevo y permanente

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Prop de vosaltres (Bisbe Salvador)
Producció
Data publicació: 
27/09/2015

Son dos adjetivos que sintetizan mi actual estado de ánimo. Aunque he saludado a muchas personas en estos primeros días de estancia entre vosotros como obispo diocesano, todos los rostros me parecen nuevos. Aunque he paseado por algunas calles y parajes muy estimados por vosotros, todo me resulta nuevo. Aunque me he arrodillado en el interior de algunos templos de nuestra diócesis, las referencias han estado para mí totalmente nuevas. Es todo nuevo lo que me toca vivir en la actualidad.

Los cambios en nuestra geografía vital nos sitúan ante una novedad total. Os habrá pasado a muchos de vosotros cuando, por razones familiares, laborales o de estudio, os habéis trasladado a lugares diferentes al de vuestro nacimiento. Es una gran novedad para nuestros sentimientos la serie de costumbres y características personales que manifiestan los amigos que nos rodean y acompañan y que hemos acabado de conocer. Lo nuevo nos sorprende y nos preocupa. Cada cual hace un esfuerzo para comprender, aceptar y estimar su entorno, desconocido hasta aquel momento.

Es cierto que mi caso es un poco especial. La Iglesia me pone al frente de una diócesis para que oriente y acompañe la vida cristiana de sus miembros y para que ofrezca la salvación de Jesucristo a todos los demás. No me libro de la novedad. Sacerdotes, religiosos y laicos de Lleida aparecen en mi vida como seres totalmente desconocidos y que tienen que ser objeto de las preferencias y el afecto de pastor del rebaño del Señor. Desde el primer día. Sin dilaciones. He llegado a una sociedad donde hay una comunidad cristiana con una larga trayectoria a sus espaldas. Personas y comunidades que han intentado seguir a Jesucristo con fidelidad, autenticidad y alegría. Y como el último en llegar, tengo que sumarme con rapidez a cumplir las exigencias del Evangelio que otros se esfuerzan por llevar a la práctica desde hace muchos años. Con el ministerio que la Iglesia me ha regalado y con la responsabilidad de ser ejemplo y modelo de lo que predico.

Lo nuevo no puede ser excusa para paralizar mi acción o para retrasar mi amor a los que me rodean esperando leer informes o estudiando trabajos que me acerquen a la comprensión del paisaje y del paisanaje. El cambio de lugar de residencia no tiene que ser motivo para atrasar mi incorporación a la nueva realidad social con un esfuerzo personal añadido pero contando con el bagaje existencial del pasado y con la benevolencia de los nuevos rostros que me acompañarán.

Y aquí viene el segundo adjetivo que completa mi disposición anímica. Porque permanente es el conjunto de convicciones que constituyen la fe en Jesucristo, regalada como gracia en el bautismo, custodiada y transmitida por la Iglesia, vivida por personas concretas en el ambiente familiar, laboral o social y convertida en motivación básica de nuestra acción en relación con la creación y con el prójimo.

Me incorporo a una comunidad nueva que lleva siglos viviendo y anunciando a Jesucristo con coraje, con entusiasmo, con fidelidad. Ha estudiado e interiorizado la Palabra de Dios, ha celebrado los Sacramentos, ha seguido las indicaciones morales expuestas en la ley de Cristo y en la Tradición de la Iglesia. Se ha esforzado en expandir el mensaje cristiano en las barriadas y pueblos construyendo templos, forjando pequeñas comunidades parroquiales y sirviendo con la caridad del Señor a los más necesitados de nuestra sociedad: los enfermos, los inmigrantes, los que viven en soledad o en el desamor, los que no encuentran trabajo o les falta el hogar. Y así, mucho más. Porque la fe es la que mueve, da sentido y nos ofrece la felicidad para construir y reforzarnos como personas que alaban Dios y se desviven por sus hermanos.

Es la misma fe que he vivido en las diferentes comunidades a lo largo de mi existencia. En todas, lo mismo. Con diferentes personas pero con la convicción de sentirnos fundamentados y apoyados por la gracia de Cristo.

+Salvador Giménez

Obispo de Lleida