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Exigencias cristianas actuales

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Prop de vosaltres (Bisbe Salvador)
Producció
Data publicació: 
15/12/2017

Quienes acudís a las celebraciones dominicales escucharéis con qué claridad y contundencia respondía Juan el Bautista a las preguntas de sus paisanos sobre quién era realmente él y por qué se expresaba con tantas exigencias hacia los que escuchaban su predicación. Es verdaderamente admirable contemplar la autenticidad de sus palabras con el testimonio de su vida; por ello es comprensible que exija tanto a sus oyentes.

Trasladamos este pasaje a la actualidad, a cada uno de nosotros, y nos advertimos: no huyamos de nuestras responsabilidades ni busquemos excusas para aceptar las exigencias que nos recuerdan los santos para seguir los pasos de Jesús. Nos viene bien recordarlo en este tiempo de Adviento. La semana pasada os hablaba del deseo de cercanía personal hacia todos vosotros. Lo quería expresar con humildad, porque no es fácil llevarlo a la práctica. Y uno comprueba a diario las muchas limitaciones que le embargan.

A pesar de ello no se puede estar callado ante la causa del bien. Necesitamos de las palabras que lo expliquen, que lo recuerden y que motiven su cumplimiento. Así como muestro mi disponibilidad a la cercanía personal hacia los demás, os pido a todos los cristianos que hagáis un permanente ejercicio de comprensión, de aceptación y de concordia con el que vive junto a vosotros en la familia, en el círculo de amistades, en el vecindario o en la parroquia. San Pablo pedía a los cristianos de Colosas: «revestíos de sentimientos de compasión, de afabilidad, humildad, dulzura, de paciencia. Sed tolerantes unos y otros, perdonaos mutuamente cuando alguien tenga alguna queja contra el otro» (Col 3,12-13).

En términos parecidos se expresaba en otras muchas cartas dirigidas a las comunidades que abrazaban la fe en Cristo. En algún momento manifestó su contrariedad e incluso su enfado cuando los cristianos se enfrentaban, se dividían o expresaban sus pequeños o grandes rencores, incomprensiones y venganzas.

Han pasado muchos años desde la predicación de san Pablo, y los cristianos actuales tenemos el mismo peligro que los destinatarios de sus cartas de actuar sembrando la desunión y la discordia, poniendo zancadillas a la bondad de nuestro prójimo o, lo que es más grave, menospreciando o burlándose de las ideas y convicciones de los semejantes. En nuestros ambientes se respira a veces desdén o rechazo hacia los sentimientos ajenos; se muestra desprecio hacia objetos y signos muy queridos por los demás; se minusvalora o no se reconoce la bondad de sus ideas.

En demasiadas ocasiones silenciamos las virtudes y valores de los otros y magnificamos las propias con el afán de enfrentar o dividir. Y todo eso está lejos de la palabra y el ejemplo de Jesucristo que nos pedía buscar la paz, la cercanía y el amor; llegaba más lejos todavía: «Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen»... «Si amáis sólo a los que os aman, ¿qué premio os merecéis?» (Mt 5,44.46). Comprendo que el mensaje del Señor es exigente o que resulta difícil de cumplir. Pero no es una utopía ni es de imposible aceptación en las circunstancias actuales.

La Palabra es para todo momento y para cualquier circunstancia; no podemos acomodarla a nuestros gustos o intereses. Nos supera, nos ilumina y nos guía para hacer el bien, para fomentar el respeto a los demás, para aceptar la dignidad de las personas, para buscar la fraternidad. Cuando ejercemos de superiores, cuando afirmamos que el único bien y la única verdad residen en nuestro grupo, cuando vamos de perdonavidas… no cumplimos con las más elementales exigencias para llamarnos discípulos de Jesucristo, que pretende siempre la comunión, el amor y la paz.

† Salvador Giménez Valls

Obispo de Lleida