|15-12-25| La parroquia de la Mercè de Lleida acogió el pasado domingo una nueva edición del Festival de Navidad organizado por la Delegación de Pastoral con las Personas Migradas, un encuentro que reunió a comunidades de diversos orígenes para celebrar el nacimiento de Jesús a través de la música, la fe compartida y la convivencia. El festival llenó la parroquia de villancicos, emoción y alegría. Comunidades procedentes de Ucrania, Perú, Rumanía —católica y ortodoxa—, Honduras, El Salvador, Camerún, Guinea y Senegal, junto con la comunidad anfitriona y los coros de la unidad pastoral, interpretaron cantos navideños en diferentes lenguas y acentos, pero con un solo corazón. El acto no fue solo un concierto, sino una auténtica proclamación de fe. En un contexto marcado por las guerras, las migraciones forzadas y la nostalgia de muchas personas, el festival recordó que Dios sigue naciendo en medio de su pueblo.

 

El recorrido musical giró en torno a diversos ejes significativos: el “sí” de María, el Magníficat como escuela del corazón creyente y el protagonismo de los niños como signo central de la Navidad. Especialmente los niños y niñas ucranianos y de otros países afectados por la violencia pusieron rostro a una súplica compartida: que la paz no sea solo un deseo, sino un don acogido y cuidado. Los cantos resonaron en catalán, castellano, latín, inglés, francés y otras lenguas, recordando el sentido profundo de la catolicidad de la Iglesia, entendida no como una estrategia, sino como una vocación.

 

Uno de los momentos más aplaudidos llegó cuando se expresó en voz alta una convicción compartida: no se trata solo de acoger a las personas que llegan, sino también de dejarse evangelizar por su fe, su alegría y su manera de celebrar. Tal como se recordó al final del acto, muchas personas llegaron pensando que venían a dar, pero se fueron con la certeza de haber recibido mucho más.

 

El festival concluyó con un canto conjunto que unió voces, edades, historias y países, expresando que, cuando nace Jesús, nadie sobra. Desde la Pastoral quisieron «agradecer a nuestro Señor por darnos una nueva oportunidad de compartir nuestras maneras de vivir la fe; a Mn. Vicente, que nos ha abierto su casa con mucha generosidad; a Mn. Adrián, responsable de la Delegación de Pastoral con Personas Migradas y Refugiadas; a Mn. Daniel, el rector de la comunidad ortodoxa de Lleida; a todos los cantores y a las personas que han asistido».