Ordenación sacerdotal de Juan Carlos Mandje Bote

La Catedral de Lleida, acogió en la tarde del 15 de junio, la ordenación sacerdotal del diácono Juan Carlos Mandje Bote, nacido el año 1978, en Etengue, en el litoral de Guinea Ecuatorial.

La Eucaristía fue presidida por el Obispo de Tortosa y Administrador Apostólico de Lleida, Javier Salinas, con quien concelebró el Presidente y Cabildo Catedral, los Vicarios General y de Pastoral, y numerosos sacerdotes y religiosos de la Diócesis de Lleida, entre ellos el Rector del Seminario diocesano Mn. Jaume Pedrós, y el Rector del Seminario Interdiocesano de Cataluña Mn. Nobert Miracle. La celebración fue asistida por cuatro diáconos y seminaristas diocesanos, ejerciendo sus propios ministerios.

El origen del ordenante hizo que el primer templo de la diócesis se llenara, además de los fieles, de música y de cantos africanos, a cargo del coro ecuatoguineano de la parroquia de San Andrés de Lleida, que acompañaron con sus ritmos propios y también con su vistoso vestuario, buena parte de la liturgia.

Numerosos fieles, muchos de ellos venidos de Alcarrás y de Soses, pueblos del Segriá donde el nuevo sacerdote ha ejercido hasta ahora el diaconado, llenaron los asientos del primer templo de la diócesis. En los primeros bancos de la Catedral se situaron los padres, hermanos y otros familiares de Juan Carlos Mandje, que habían viajado desde Guinea hasta Lleida, con motivo de la ordenación de su hijo y hermano.

En la misma celebración y antes de la homilía, dos seminaristas de Lleida, Lucas Francisco Evung y Santiago Mataix, recibieron de manos del Obispo, Mons. Javier Salinas, el ministerio del acolitado.

En su homilía el Administrador Apostólico manifestó su satisfacción por la ordenación de este joven guineano: “.. que es –dijo-, símbolo de esta realidad actual de nuestra sociedad, donde convivimos pueblos, razas y culturas, diferentes, pero todos como un mismo pueblo de Dios”. Mons. Salinas, refiriéndose al evangelio que acababa de proclamar, dijo que en esta ordenación se cumplía la petición de ”enviar obreros” e invitó al nuevo sacerdote a ser un “signo de Cristo”, a la vez que definió el sacerdocio como: “un don de Dios, y no un mérito y mucho menos un derecho”. Concluyó la homilía con una recomendación al nuevo presbítero: “ .... no quieras que te amen, sino ama tú”, y aludiendo a la realidad actual de la vida de los sacerdotes, dijo: “ ... es un esfuerzo muy grande el que la sociedad exige a los sacerdotes, y hoy, más que nunca, nos hemos de dedicar a proclamar la alegría del Evangelio”.

Terminada la homilía del Sr. Obispo, prosiguió el rito propio de la ordenación sacerdotal, con la llamada al candidato hecha por el Rector del Seminario, Mn. Jaime Pedrós, y con las promesas sacerdotales que el candidato al sacerdocio realizó ante Mons. Salinas. Un momento especial e intenso fue el del canto de las Letanías de los Santos, con Juan Carlos postrado sobre el suelo en señal de humildad y de acogida, resonaron los nombres de los santos y beatos, también de los más cercanos y diocesanos, como San Anastasio, mártir, Patrón de las ciudad de Lleida, o Santa Teresa Jornet, hija de Aitona y fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, y los beatos P. Francesc Palau, o el joven laico Francesc Castelló, mártir en Lleida el año 1936; y en esta ocasión tan singular, se rogó también al Señor por intercesión de San Carlos Luanga y compañeros mártires de Uganda.

Continuó seguidamente el rito de la imposición de las manos que fue primero el Sr. Obispo y luego todos los sacerdotes concelebrantes, para concluir con la oración consagratoria y la unción de las manos. En este momento Juan Carlos Mandje fue revestido con la estola y la casulla, ofrenda de los fieles de la parroquia de Alcarràs, como también el cáliz y la patena que le fueron entregados por el Sr. Obispo, con el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía y con el ruego de : “imitar y vivir lo que celebre”

La ordenación tuvo como colofón el beso de paz del Sr. Obispo y de todos los concelebrantes, como signo de acogida de la comunidad presbiteral diocesana. El nuevo presbítero se incorporó seguidamente a la celebración y por primera vez como celebrante de la Eucaristía. Él mismo, momentos antes de la bendición final, la terminaría con unas palabras emocionadas de agradecimiento dirigidas a todos cuantos le habían acompañado en el camino de la vocación.

En primer lugar a su familia allí presente, en especial a sus padres, por haberle transmitido la fe; al Obispo Mons. Salinas por haberlo ordenado, al mismo tiempo tuvo un recuerdo para el Obispo emérito Mons. Frncesc Xavier Ciuraneta, que le abrió las puertas del seminario de Lleida. También tuvo palabras de agradecimiento para los pueblos de Alcarrás y de Soses, :”… donde me he sentido muy apreciado y acompañado”.

El Obispo Mons. Javier Salinas en sus últimas palabras pronunciadas al final de la Eucaristía de ordenación de Mn. Juan Carlos Mandje, quiso agradecer la presencia de los “muchos sacerdotes” que concelebran la Eucaristía, y de los “muchos fieles” que participaban también en la celebración, que calificó de esperanzadora: “... una nueva ordenación siempre es un canto a la esperanza, y demuestra que tenemos una diócesis viva”.

Fue en estos momentos cuando quiso también matizar lo que había insinuado en el inicio de la homilía, al decir: “… estoy muy contento al presidir hoy esta celebración, ya que quizá sea uno de los últimos actos que presido en la Diócesis”. Comentario que realizó de forma distendida y con estas palabras : “… no tengo agenda sobre este tema y no conozco, aunque lo veo próximo, cuando llegará el nuevo obispo que todos esperamos ….”. Mons. Salinas invitó finalmente a los fieles, a rogar por esta intención, afirmando que el sentido de sus palabra no había sido otro que el animarnos a la oración: “... la mejor manera de prepararnos a la llegada de un nuevo Obispo para Lleida”.

Las palabras del Obispo, Mons Salinas, fueron recibidas por los fieles que llenaban la catedral con un improvisado y fuerte aplauso de apoyo al Administrador Apostólico.

Finalizada la Misa el nuevo sacerdote, acompañado por sus padres, recibió las felicitaciones personales de los fieles que se le iban acercando. A todos ellos les entregó un recordatorio donde se podía leer la frase: “Gracias a todos por acompañarme”.