¿"Un amor tan sólo inmanente"?

El jueves 15 de abril, en el salón de actos del IEI, tuvo lugar la última de las siete conferencias del ciclo-curso sobre el amor, organizado por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Lleida (IREL) junto con otras instituciones leridanas. Bajo el título ¿"Un amor tan sólo inmanente"? el teólogo y profesor Manuel Claret explicó, en la primera parte, cómo el amor es la gran vocación del ser humano, que totaliza y humaniza a la persona. Por eso, el amor es un proceso que hay que educar, a fin de que sea constructor, quiera el bien y vincule a la persona.

En una segunda parte, el Dr. Claret explicó cómo el cristianismo, desde su inicio, ha ido configurando la sociedad. El cristianismo planteó el amor de Dios Jesús y el amor humano según las corrientes del pensamiento de la época, especialmente el gnosticismo y el estoicismo. Aun manifestando el amor trascendente, éste poco tenía que ver con la realidad humana concreta, conyugal. Hay como una afirmación clara del amor de Dios, pero en detrimento del amor humano.

En un tercer punto, el conferenciante habló de un cambio de paradigma con la Ilustración. Se niega la trascendencia, y sólo la razón del hombre es digna de interés. Es lo humano quien tiene que descubrir por él mismo los principios para actuar, que de ninguna manera tiene que venir del exterior (Kant). La razón es sobre todo, lo cual relativiza el amor.

En el siglo XX, el existencialismo (J.P. Sartre) niega la trascendencia y da sólo valor a la autoafirmación de lo humano. La vida no tiene sentido, la realidad es inútil, sólo cuenta el momento actual. El amor, en Sartre, es un sentimiento inútil y la libertad vacía. Otra corriente, el estructuralismo, sólo reconoce aquello que se puede demostrar; el amor es una consecuencia de la química, sin ninguna dimensión espiritual.

Los maestros de la sospecha (Nietzsche, Marx y Freud) afirman la muerte de Dios y el poder del hombre, pero éste se convierte en un instrumento al servicio de la sociedad que lo utiliza. El amor no tiene el sentido de darse. Freud dirá que el hombre no puede crecer a causa de Dios (Padre). Hay que asesinar a Dios a fin de que el hombre crezca.

El postmodernismo constata que las ideologías no han aportado ninguna solución a los problemas humanos. Se queda, sin embargo, sin pensamiento y sin ganas de pensar, cosa que la frase "no me comas el coco" expresa claramente.

En el cuarto y último punto, el Dr. Claret da unas reflexiones sobre la realidad actual. Vivimos en una sociedad del ruido, de la velocidad que desprecia la reflexión. No se aceptan decisiones definitivas y no se da ningún valor a la tradición. Todo tiene que ser nuevo. Parece que somos ciudadanos sin historia, con poca cultura, donde el individualismo y los sentimientos juegan un papel muy importante. Eso muestra lo que hay, que vivimos en una realidad poco madura. Cuándo el amor se convierte sólo en una emoción, un sentimiento, no puede imaginar el compromiso.

Los teólogos, (Rahner y von Balthasar), hablan del hombre como ser abierto a la Trascendencia, con este doble movimiento de amor recibido y amor dado y que sabe que amar es vivir en el bien (Bien). Sin Trascendente, lo humano queda sin fundamento. Sin amor, el hombre queda reducido a la cultura que lo rodea.

El fin del hombre es amar y ser amado. El amor no es poseer, sino estar abierto; por eso el amor abraza a todos los humanos, es ser para todos. El Amor trascendente es un ideal para la historia: permite obrar en libertad y ser personas, situándonos realmente en el mundo. Dios ha dejado signos de amor en la Creación y, sobre todo, Jesús. Dios tiene derecho a existir.

 (notas de J.A.Baró).