Feria de la Infancia misionera 

Este sábado 26 de Enero unos sesenta niños, acompañados de sus catequistas y de algunos padres, nos hemos reunido para celebrar la Feria de la Infancia Misionera. Invitados por la Delegación diocesana de Misiones nos hemos encontrado en la Academia Mariana niños y niñas que pertenecen a las parroquias de Santa Teresa del Niño Jesús, el Carmen, San Jaime, Santísimo Salvador, Llivia y de las escuelas Maristas-Montserrat y Episcopal, entre las 16 y las 18 horas. 

La Infancia Misionera es una Jornada promovida por las Obras Misionales Pontificias desde hace unos 150 años, algunos dicen que es el Domund de los pequeños. Su objetivo es educar a los niños en la responsabilidad de dejar un mundo mejor de como lo hemos encontrado siguiendo el ejemplo de los misioneros, que a su vez beben de las fuentes de Jesucristo. Se celebra en todo el mundo el cuarto domingo de Enero y en nuestra diócesis lo celebramos desde hace unos años con la Feria de la Infancia Misionera. 

En esta ocasión nos ha congregado un lema “Pongámonos a trabajar”. Durante los días previos, los niños han podido conocer en sus grupos cual es la tarea de los misioneros, la importancia que tiene el hecho que todos pongan de su parte para construir un mundo mejor. El sábado después de las palabras de acogida y bienvenida de la delegada Caritat Mercadé, los niños pudieron escuchar un cuento, “la casa de los mil espejos”, que nos enseña una cosa que la sabiduría popular resume en el refrán “tal harás tal encontrarás”. Después todos los niños se dividieron en diversos grupos para poder recapacitar sobre que acciones podían llevar a término ellos mismos para mejorar sus vidas cotidianas y las de las personas de su alrededor. Las escribieron en una cartulina en forma de una parte del planeta. Al terminar volvieron a encontrarse para comentar las aportaciones de cada uno. Los niños mostraron su preocupación por el medio ambiente, que se traduce en el compromiso de reciclar y cuidar la naturaleza, así como la necesidad de quererse entre los miembros de una misma familia, por eso los niños y niñas se comprometieron a respetarse y hablar de las cosas antes de enfadarse. 

Una vez expresados estos compromisos que ahora los niños deberán poner en práctica, pasamos a la segunda parte del encuentro: el juego. Cada grupo participante había preparado con anterioridad un juego por el cual pasarían a jugar el resto de compañeros. Los juegos han sido muy diversos: hacer construcciones con material reciclado, recordar pasajes del Evangelio u oraciones, según indicaba un dado; reconstruir una frase maldita a través de diferentes enigmas, realizar un rompecabezas colectivamente, el juego de la memoria y el taller de la papiroflexia. Al mismo tiempo otra prueba por la que tenían que pasar los niños fue poner la mesa para todos, en la que cada grupo aportaba alguna cosa que después serviría para poner el punto y final a la Jornada con una buena merienda. 

Esperamos que esta actividad sea alguna cosa más que un símbolo, que sea un empujón para hacer realidad el lema “Pongámonos a trabajar”.