Peregrinación a Rumania: Abriendo un nuevo camino 

Arciprestazgo de "Seu Vella"

del 20 al 28 de agosto de 2003

 

Nuestra vida es un peregrinación que nos lleva de un punto a otro de la tierra. 

El fin de nuestro viaje brilla desde arriba: es el paraíso para el que hemos estado creados.

  Y nuestros años, los años de cada cual, se deslizan sucesivamente por los diversos caminos que cruzan el mundo habitado.

JUAN XXIII

Del 20 al 28 de agosto un grupo de 44 personas encabezadas por el Señor Obispo, Mons. Francesc X. Ciuraneta, hemos hecho una peregrinación a Rumania. Nos han acompañado también el Vicario General Mn. Joan Ramon Ezquerra, Mn. Josep Moré y Mn. Josep Cucurull. Con este viaje se ha querido reforzar la acogida y la integración de la comunidad de rumanos católicos en nuestra diócesis de Lleida. Aquí, desde hace casi un año, el sacerdote rumano Mn. Leonard Díac realiza para en nuestra diócesis una extraordinaria tarea pastoral dedicada a la atención de este colectivo. Al mismo tiempo, ha estado una muestra de agradecimiento al Obispo de su Diócesis de Iasi (Moldavia) por la presencia de este sacerdote. Y poder conocer, admirar y valorar su país con objeto de comprender más a los rumanos y a que se encuentren mejor entre nosotros.

El miércoles 20 de agosto a las 8:30h. la expedición salía de la iglesia del Carmen hacia el aeropuerto de Barcelona, donde cogimos un vuelo de línea regular vía París hasta Bucarest. Allí nos esperaba el P.Leonard, quien se había desplazado dos días antes, y nos acompañaría durante el resto del camino. Seguidamente nos adentrábamos ya por este país milenario de los geto-dacis que conserva una fuerte huella latina, haciendo un recorrido por sus tres grandes regiones históricas: Valàquia (al sur), Transilvània (al centro) y Moldavia (al este).

Tras la visita inicial a Tirgoviste, antigua capital de Valàquia, continuamos el recurrido a través de la Transilvània, meseta flanqueada al sur y al este por el arco de la Cordillera de los Cárpatos, zona de una exhuberante vegetación de bosques y prados, y estaciones turísticas de alta montaña. Aquí íbamos descubriendo la Rumania rural de pequeñas aldeas diseminadas, donde domina el uso de la madera y la economía de auto subsistencia de una población amante de la naturaleza y de las tradiciones que conforman una cultura popular de gran vitalidad. Sinaia, Bran, Brasov, Sighisorara... fueron etapas de una ruta de parajes que exudan vestigios de la historia y leyenda de uno de sus príncipes más famosos: Vlad Tepes (“Dràcula”).

Saliendo de Bistrita y atravesando el paso del Borgo bajábamos hacia la Bucovina, al norte de Moldavia. Allí admiramos el monumental conjunto de monasterios de la época del príncipe y mecenas Esteban el Grande (ss. XV-XVI), completamente revestidos, también en el exterior, de pinturas murales de inspiración bíblica, en absoluta armonía con los espacios naturales. Y pudimos comprobar como las iglesias y monasterios se convierten  en la expresión de una intensa vida monacal.  

El recorrido por Moldavia nos llevó hasta Iasi, su capital cultural y espiritual. Esta era la etapa más esperada del viaje. El encuentro de Mons. Petru Guerghel, Obispo de la Diócesis católica más numerosa del país, con nuestro Obispo fue uno de los momentos más celebrados. Junto con la visita y la comida de convivencia en el Seminario, donde se forman 175 futuros sacerdotes. La jornada culminó, sin embargo, con el encuentro con la familia del P. Leonard y la celebración de la Eucaristía bilingüe –rumanocatalán- en la parroquia rural de Barticesti. Los cantos con la animación de una muchedumbre de niños..., las plegarias de todo el pueblo congregado que llenaba el templo a tope... derramaban en el ambiente una fe bien arraigada y vivida con gran intensidad. Y una emoción sincera movía nuestros corazones...

Nuestra ruta nos llevaría  nuevamente a Sinaia y los Cárpatos siguiendo el desfiladero de Cheili Bicaz. Y a Bucarest, a  Valàquia, siguiendo el curso del Dâmboviţa. Aquí, en la capital de Rumania, se hacían todavía más evidentes los signos visibles de la historia reciente de un país que ya nos resultaba tan familiar como la gente del grupo que íbamos.

A medianoche del jueves 28 llegábamos a Lleida después de unos días de experiencias de gran intensidad. Esta peregrinación a Rumania ciertamente nos ayudó a conocer un poco más este país: el paisaje, las tradiciones, el arte, la gastronomía, la música.... Pero sobre todo descubrimos los valores de su pueblo sencillo, cordial y fervoroso. Su fe nos hermana y nos espolea a continuar haciendo vía por el sus caminos.

 Anna Maria Gaya