|05-05-26| En el marco del Domingo V de Pascua, las comunidades parroquiales de Juneda y Torregrossa han vivido unos días intensos y llenos de gozo con la celebración del sacramento de la Confirmación, un momento especialmente significativo en el camino de fe de los jóvenes y en la vida de toda la Iglesia.

En la parroquia de Juneda, cuatro jóvenes han recibido el don del Espíritu Santo en una celebración vivida con mucha cercanía y calidez. En un ambiente familiar y acogedor, la comunidad se ha reunido para acompañarlos en este paso importante, compartiendo con ellos la alegría y la esperanza que nacen de la fe.

En Torregrossa, la celebración ha tenido un carácter más multitudinario, con diecinueve jóvenes que han recibido la Confirmación en una iglesia llena a rebosar. La participación de las familias, amigos y fieles ha sido muy numerosa, ofreciendo una imagen viva de una comunidad unida y comprometida. La alegría se hacía palpable en los rostros y en el ambiente de oración y fiesta que allí se respiraba. Cabe destacar también que el coro parroquial acompañó la celebración con sus cantos, ayudando a crear un clima aún más profundo de recogimiento y solemnidad.

Las celebraciones han sido presididas por el obispo Daniel, quien con palabras sencillas y profundas ha sabido llegar al corazón de los jóvenes. Partiendo del Evangelio propio de este Domingo V de Pascua, les ha recordado las palabras de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Les ha invitado a confiar en el Señor, a no dejarse llevar por el miedo y a vivir con esperanza, sabiendo que Cristo es el camino que da sentido a sus vidas.

El párroco, mosén Adrià, ha estado presente y cercano en todo este proceso, acompañando a los jóvenes y a sus familias con dedicación. Cabe destacar también el trabajo constante y generoso de las catequistas —Magda, Maria Jesús, Iolanda y Dolors— que, con paciencia y cariño, han preparado a los chicos y chicas a lo largo de los últimos meses. Su labor discreta pero fundamental ha sido clave para que estos jóvenes llegaran a este momento con ilusión y conciencia del paso que daban.

Las familias han tenido también un papel destacado, no solo con su presencia, sino con el apoyo y el acompañamiento en el camino de fe de sus hijos. Igualmente, los fieles de las dos parroquias han querido apoyar a los jóvenes, mostrando que la fe es un don que se vive y se comparte en comunidad.

Han sido, en definitiva, unas jornadas llenas de fe, de fraternidad y de esperanza, en sintonía con este tiempo pascual que invita a renovar la vida en Cristo resucitado. La palabra de Jesús —«Yo soy el camino, la verdad y la vida»— ha resonado con fuerza en estas celebraciones y se ha convertido en luz para los jóvenes confirmados, llamados a ser testigos valientes en medio del mundo.

La Iglesia se hace visible y viva en estos momentos en los que los jóvenes dicen «sí» al Espíritu Santo y se comprometen a seguir caminando en la fe, arraigados en la comunidad y abiertos al servicio de los demás.

Que esta semilla sembrada en sus corazones dé mucho fruto y que el Espíritu Santo los guíe siempre en su camino.