El Facebook del Bisbat de LleidaEl Twitter del Bisbat de LleidaEl Google Plus del Bisbat de LleidaEl RSS del Bisbat de Lleida

Obras de Misericordia (IV)

Versión para impresiónVersión para impresión
Prop de vosaltres (Bisbe Salvador)
Producció
Data publicació: 
19/04/2016

El comentario de hoy sobre esta obra de misericordia, DAR POSADA AL PEREGRINO, tiene una intensa actualidad. Llevamos muchos meses hablando y oyendo hablar de los forasteros. Hemos visto demasiadas imágenes y leído gran cantidad de artículos sobre emigrantes, refugiados e itinerantes. Todo ello nos conmueve y nos interpela. Ante la llegada de otros a nuestras sociedades, hay siempre un doble posicionamiento: el miedo o la acogida. También la denuncia. Como han hecho recientemente muchas organizaciones católicas ante un acuerdo Europa-Turquía.

            Los cristianos siempre acudimos a la Palabra de Dios para orientarnos en las cuestiones que nos afectan y nos preocupan. Para el caso que nos ocupa empezamos recordando aquella frase del evangelista Mateo: “Venid, benditos de mi Padre, porque era forastero, y me acogisteis” (25,35). O aquellos pasajes del Antiguo Testamento en los que se narran escenas de hospitalidad, como la de Abraham, que recibió con todo agasajo  tres personas desconocidas, que resultaron ser ángeles (Gn 18); o la generosidad que muestra la viuda de Sarepta con el profeta Eliseo (1Re 17). O la acogida que brinda en su casa al profeta Elías el matrimonio de Suném.Nos viene a la mente la situación de María y José buscando posada para que naciera el Niño (Lc 2, 7) o también el pasaje de la huida a Egipto, poco después del nacimiento, que protagonizan los tres, auténticos forasteros en aquel país. Finalmente cito, entre las innumerables llamadas del Nuevo Testamento, sólo una pasaje propuesto por Jesús con una clara intencionalidad, la parábola del buen samaritano (Lc 10,34).

            Es cierto que no podemos solucionar el problema de todas las personas y pueblos del mundo pero sí que debemos cambiar nuestra mentalidad para aceptar, acompañar y acoger al otro sin pedir su carnet de identidad. El evangelio nos enseña a considerar a todos como hermanos, categoría que diluye todas las restantes denominaciones que utilizamos para distinguir unos de otros.

            Colaborad con Cáritas, con Arrels, con Jericó, con CODIAR… y con tantas otras organizaciones muy cercanas a vuestra experiencia vital y diaria

            Unas palabras sobre otra obra espiritual PERDONAR LAS INJURIAS. Tal vez no está de moda esta obra que potencia y desarrolla una actitud fundamental en el ser humano. Demasiados debates en la prensa escrita o audiovisual que acumulan insultos, descalificaciones personales o recriminaciones indebidas. Con posturas irreconciliables que nunca invitan al perdón y al cambio de actitud para introducir elementos de fraternidad en las relaciones humanas. ¡Y tú más! Repiten algunos con descaro y prepotencia. Y Jesús nos dice y nos enseña lo contrario.

            Todos conocéis la historia que narra el libro del Génesis sobre José y sus hermanos; después de la venta y separación acaba en el perdón y la reconciliación (37 al 45) o el consejo del libro del Sirácida (28,2): “Perdona la ofensa a tu prójimo y…”) o del libro del Levítico (19,18): “No tomarás venganza ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo…”. Termino con una sola referencia del Nuevo Testamento, la oración que Jesús enseña a los discípulos y que los cristianos de todas las épocas hemos aprendido de pequeños y hemos repetido en múltiples ocasiones; en Mt 6,9-13 tenéis el Padrenuestro.No os quedéis en las palabras, hacedlo vida propia.

            Para el desarrollo de esta obra podéis acudir a la oración. Rogad a Dios fortaleza para dar y recibir el perdón por las injurias. Los cristianos debemos valorar mucho el sacramento de la penitencia. En el mismo comprobamos la alegría de sentirnos perdonados y recibimos la gracia de actuar de igual modo con nuestros hermanos. Cuando dudéis en este maravilloso ámbito del perdón, contemplad a Jesús en la cruz perdonando a quienes lo crucificaban.

                                                                  +Salvador Giménez, obispo de Lleida.