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Las Obras de Misericordia (III)

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Prop de vosaltres (Bisbe Salvador)
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Data publicació: 
01/04/2016
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Las Obras de Misericordia (III)

La tercera de las obras materiales de misericordia es DAR DE BEBER AL SEDIENTO. Seguramente la práctica habitual de esta actividad en nuestros ambientes de sociedad desarrollada un anacronismo. Nos es normal tener y usar del agua en nuestros hogares y en nuestras ciudades. Es fácil manejar el grifo o contemplar las abundantes fuentes públicas. No parece que nadie necesite el agua para poder vivir y sin embargo todos reconocemos el valor fundamental de este elemento para una existencia digna. Estamos hablando ahora de la gran cantidad de pueblos en el llamado tercer mundo que carecen de agua o que deben recorrer muchos kilómetros para conseguirla.

Es una obra de misericordia que nos plantea una reflexión sobre nuestro mundo y las actitudes de solidaridad entre naciones con vistas a conseguir un desarrollo integral para todos. Sin agua no hay vida y abundan los pueblos que no pueden beber ni almacenar; les faltan las estructuras básicas para beneficiarse del agua. Todos tenéis en la retina imágenes de niños esqueléticos transportando agua para subsistir. Y son fotos de ahora mismo, no de un pasado lejano. En la encíclica Laudato Si’ el papa Francisco nos recuerda esta cruda realidad cuando compara países ricos y países pobres y nos invita a una globalización de la caridad. Los cristianos necesitamos elevar nuestra mirada y contemplar las enormes dificultades y carencias de muchos hermanos nuestros que no pueden vivir. La comodidad que nos rodea no puede hacernos olvidar el sufrimiento ajeno. Es una llamada a actuar como compromiso personal pero sobre todo como obligación social.

Recordad los textos de la Biblia cuando narran las vicisitudes del pueblo de Israel por el desierto pidiendo a Dios agua con insistencia. Son frases desgarradoras. O los textos de los profetas utilizando el agua como símbolo de vida y cercanía de Dios. O el “dame de beber” de Jesús a la samaritana en su encuentro junto al pozo de Jacob.

A todos pido la colaboración con las instituciones que nos sensibilizan ante esta realidad. O con los misioneros que entregan su vida en este servicio. O con otros muchos voluntarios que dedican parte de su tiempo a disminuir los efectos de la falta de agua.

La tercera de las obras espirituales de misericordia es CORREGIR AL QUE YERRA.

Cada uno de nosotros puede simultanear distintas situaciones personales. Como padres, hermanos o amigos. Como compañeros de trabajo o como directivos o dirigidos. Y en todas partes nos encontramos con las debidas correcciones, denuncias, amonestaciones o críticas al proceder propio o ajeno. La actividad que manifiesta esta obra es ambivalente: podemos ser sujetos de corregir al que mantiene un comportamiento inadecuado o aceptamos la corrección de otro ante nuestros errores. En ambos casos necesitamos poseer una gran madurez para que el otro se sienta querido con nuestras palabras de corrección o agradecer desde el profundo de nuestro interior el interés del otro cuando desea que tomemos un buen camino.

Recordad las constantes correcciones que Moisés y Aarón hacían a su pueblo. Leed las duras frases de los profetas para que nadie se desviara del camino de la aceptación del derecho y de la justicia para todos, especialmente de los más débiles. El propio Jesús dirige frases de corrección a sus padres, José y María, a los Apóstoles o a cualquier persona preocupada sólo por las normas, por el dinero o por la influencia social.

Os invito a mirar a vuestro alrededor. Hay muchos grupos que aplican la revisión de vida. Corrigen y se dejan corregir. Actúan buscando siempre la fraternidad.

+Salvador Giménez

Obispo de Lleida