“Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16)

24 Agosto 2008 

Cuando un niño o un adulto recibe el Bautismo, el sacerdote pregunta: “Qué pides a la Iglesia de Dios?” El candidato responde: “el Bautismo”. Y por el Bautismo se siembra en el espíritu del bautizado la semilla de la fe que debe crecer a lo largo de su vida. Si es una fe viva permanecerá bien arraigada y nada ni nadie la podrá arrancar -caso de los mártires que murieron antes de abandonar la fe, y de tantos creyentes que por la fe sufren actualmente en su vida personal, profesional y social-. Hoy hay algunos que piden apostatar de la fe; de una fe que, posiblemente, nunca han vivido a fondo. 

Nosotros creemos en Dios, quien por Cristo nos ha mostrado su amor. Aceptamos su Palabra porque Él es la verdad. Confiamos en Él porque nos ama y celebramos su alianza con nosotros. Creer es una Gracia de Dios y, al aceptar su Palabra, estamos en comunión con Él. Nuestra vida tiene un fundamento sólido: sabemos que Dios nos ama siempre, nos guía y tenemos la certeza de que siempre está con nosotros, aunque nuestra fe a veces se debilite. Por la fe estamos en comunión con la Iglesia: sus pastores y todos los creyentes. El Papa Pablo VI nos dijo que “la fe no es solamente buscar entre tinieblas cualquier experiencia religiosa. Es certeza y seguridad, es la fuente del amor”. Por eso la fe no es sólo un acto de ciencia e inteligencia; solamente hay fe cuando creemos que es verdadero lo que Dios ha revelado y ponemos en Él nuestra confianza. Cristo es el fundamento de nuestra fe, en Él se consolida y se fortalece: “Fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe” (He 12,2) “Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6), Es “la puerta” (Jn 10,9) por donde entramos al misterio del verdadero Dios. 

Cristo es el fundamento de nuestra fe, el Amigo que nos muestra el amor incondicional del Padre y nos libera de la servidumbre. “No os llamo ya siervos... a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15,15). Cristo es nuestro Maestro, nos ha enseñado que Dios, su Padre, es nuestro Padre. Fe es confianza, la confianza de que Dios es nuestro Padre, y así le invocamos en la oración que Cristo mismo nos enseñó. Cristo es nuestro Salvador, no sólo quita el pecado del mundo (Jn 1,29), sino que fortalece nuestra identidad de hijos de Dios. Jesús es nuestro Amigo, nuestro Maestro, nuestro Salvador. En Él se apoya nuestra fe y experimentamos que su Palabra es el Camino, la Verdad y la Vida.  

La fe nos descubre lo que el Señor ha hecho por nosotros. Y, como el centurión al pie de la cruz, decimos: “Tú eres el Mesías”. “¡Creo, pero aumenta mi fe!” (Mc 9,24).

  X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida