“Dadles vosotros de comer” (Mt 14,16)

3 Agosto 200

Cristo se compadeció de una gran multitud que le seguía. Hoy se compadece de las graves necesidades de nuestro mundo: inflación y paro que nos afectan directamente a todos (hipotecas, encarecimiento de los alimentos, salarios insuficientes). El hambre será un problema más trágico aún en los próximos diez años. Un futuro inmediato muy negro: crisis económica, financiera, energética y alimentaria. Pero nuestros gobernantes no quieren hablar del tema. Esta es la cruda realidad. Las dificultades económicas no están sólo en el tercer mundo, sino también a nuestras puertas. 

El principio de universalidad exige no discriminar a nadie, sea de lejos o de cerca. Un principio clave en la doctrina social de la Iglesia. Velar para que todos puedan vivir dignamente es un deber de todo cristiano. Seguir las huellas de Jesús conlleva no separar la santificación personal del compromiso social -“sed santos porque yo soy santo”- La actitud de Jesús debe ser nuestra actitud. “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo... haciéndose semejante a los hombres” (Fl 2,6-11). Cristo cambió de vida y se alojó en lo más duro de la realidad humana, y se conmovió con los enfermos, los excluidos, los pecadores. 

La conducta de Cristo nos invita a trabajar por el gran proyecto de Dios en el que la justicia y la caridad están indisolublemente unidas. Esto exige un serio compromiso con nuestro mundo, con las consecuencias generadas de una nefasta gestión de los recursos del planeta, que lleva a un reparto de la riqueza mundial con resultados trágicos que afectan cada día a más personas, de todos los continentes. La pregunta que nos paraliza, ¿qué podemos hacer nosotros?, es justamente la que nos debe llevar a dar un primer paso. Cuando Cristo multiplicó los panes también oyó la autodefensa de los Apóstoles. Nosotros no tenemos nada, pero lo poco que tenemos es lo que Cristo nos pide. 

Resulta muy fácil dejar esta cuestión a los políticos, aunque es más que evidente a dónde lleva. El Papa Benedicto da respuesta a nuestra excusa: puesto que a la vez es un quehacer político “es una tarea humana primaria, la Iglesia tiene el deber de ofrecer su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables” (Dios es amor). Contamos con Càritas y Manos Unidas. Para Cristo fueron suficientes 5 panes para alimentar a más de cinco mil personas. Nosotros sólo hemos de ofrecer lo que tenemos. “El que dijo “esto es mi Cuerpo”, dijo también “tuve hambre y me disteis de comer, cada vez que lo hicisteis con uno de estos, conmigo lo hicisteis"”(San Juan Crisóstomo).

  X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida