"Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros…recibiréis la fuerza para ser mis testigos" (Hch 1,8)

13 julio 2008 

Los grandes encuentros internacionales de jóvenes como es la XXIII Jornada Mundial de la juventud, que este año se celebrará en la ciudad de Sydney (Australia), son oportunidades para romper la rutina cotidiana y abrirse a nuevas experiencias de vida cristiana. En esta ocasión, y debido en la lejanía de este país, muchas Diócesis europeas han invitado a sus jóvenes a un encuentro en Lourdes, los mismos días y momentos en que el Santo Padre estará en Sydney. 

En esta Jornada Mundial el Santo Padre invita a todos los jóvenes a fijar su atención en la acción del Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, en la Iglesia, y especialmente en su misión evangelizadora. Benedicto XVI recuerda que el Espíritu Santo es el protagonista de la historia de la salvación, y llega concretamente a nosotros a través de los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Al respecto, el Santo Padre subraya el valor fundamental de la Confirmación en la vida de los cristianos: “la Confirmación nos da una fuerza especial para testimoniar y glorificar a Dios con toda nuestra vida; nos hace íntimamente conscientes de nuestra pertenencia a la Iglesia, Cuerpo de Cristo... Y, cuando el Espíritu Santo actúa, produce en la alma sus frutos, que son “amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad” (Ga 5,22). Una realidad que crece a través de la Eucaristía, que es como un Pentecostés continuado, pues cada vez que celebramos la Santa Misa recibimos el Espíritu Santo, que nos une más profundamente a Cristo y nos transforma en Él. 

La presencia del Espíritu en nosotros nos invita a la misión, a hacerle presente a través de nuestras palabras y obras. Pero ¿cómo dar testimonio de la acción salvadora de Dios en nuestro mundo?. Al respecto, el Santo Padre nos recuerda que “solamente Cristo puede llenar las aspiraciones más íntimas del corazón del hombre; solamente Él tiene la capacidad de humanizar la humanidad y conducirla a su divinización. Con la fuerza de su Espíritu Él infunde en nosotros la caridad divina que nos capacita para amar a los demás y para ponernos a su servicio”. Sin el Espíritu Santo, sin el Espíritu de Jesús, no podríamos ser cristianos. Es el Espíritu quien hoy nos invita de nuevo a ponernos en camino, a ser sus testigos. En este sentido, el Santo Padre recuerda que son especialmente los jóvenes los portadores de la buena nueva a sus coetáneos. “Vosotros conocéis el idealismo, el lenguaje y también las heridas, las expectativas y los deseos de vuestros compañeros... Que cada uno de vosotros tenga la valentía de prometer al Espíritu Santo llevar un joven a Jesucristo, dando razón de vuestra esperanza y mansedumbre”. En Lourdes viviremos estas realidades. Será el encuentro de Sydney en nuestra casa, bajo la intercesión de Nuestra Señora.

  X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida