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“Te doy gracias, Padre... porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25) 22 Junio 2008 El jueves de esta semana que hoy iniciamos, un grupo importante de peregrinos convocados por la Hospitalidad diocesana de Nuestra Señora de Lourdes, se pone en camino un año más. Esta peregrinación tiene un motivo de particular importancia: la celebración del año Jubilar que conmemora el 150 aniversario de las apariciones de la Virgen a Bernardette. De nuevo los ancianos y los jóvenes; los enfermos y sus familiares; los hospitalarios y hospitalarias podrán renovar, a los pies de la Virgen de Lourdes, la alegría de un encuentro que pacifica y nos da nuevas energías para vivir. Cuando recordamos la experiencia de Bernardette reconocemos la acción gratuita de Dios, que siempre nos sorprende y que no tiene en cuenta el cálculo humano. Una niña condicionada por dificultades sociales, económicas y de salud. Y sin embargo a ella, tan pobre y desvalida, se muestra la Virgen María para recordar a toda la Iglesia que sigue siendo siempre nuestra Madre, que intercede por nosotros y pide nuestra colaboración para que su intercesión alcance a todos los hombres: “ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. En este año Jubilar estamos llamados a dejarnos iluminar por este acontecimiento que no supone una novedad en el orden de la revelación cristiana, pero sí una actualización de la presencia maternal de la Virgen en la vida de los cristianos. A los pies de la Cruz Jesús nos la entregó como Madre. Y esta entrega continúa viva y permanente hoy en la Iglesia. El santuario de Lourdes es un signo permanente de esta proximidad que despierta la confianza del pueblo cristiano, que suscita la invocación de la intercesión de la Virgen María en todo momento. De ahí la importancia de peregrinar a Lourdes, como una forma de recordarnos esa peregrinación interior que cada uno está llamado a hacer en busca de la salud, de la paz, de la alegría que desde el principio de la historia del cristianismo ofrece la Virgen a todos, pues es Ella la Madre del Salvador y nuestra Madre. Este año Jubilar, quienes no puedan peregrinar a Lourdes, deben tener presente que les recordaremos ante la Virgen. Para ellos y para quienes tenemos la dicha de vivir unos días en aquel santuario, pedimos el don más grande, el que el Señor concedió a Bernardette: la fe de los humildes, de los sencillos, de quienes se abandonan en las manos de Aquel que es Padre. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |