|
“No os asustéis… el crucificado… ha resucitado” (Mc. 16,6) 23 Marzo 2008 Hoy es PASCUA. Los cristianos celebramos nuestra gran fiesta: Jesús, el Crucificado, ha resucitado y está entre nosotros. El gran cirio pascual, la “Luz de Cristo”, ornado, encendido y colocado muy visible en el altar es su representación misteriosa entre nosotros. Manifestamos el gozo con el canto del aleluya. Este fue el mensaje de júbilo del tercer día: “Era verdad, ha resucitado” (Lc. 24,34). “Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Sl. 118,24). Sin la Resurrección de nada hubiera servido su Encarnación y Muerte. Y sin la Resurrección “nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Somos los hombres más desgraciados” (1Cor. 15,14-19) ¿De qué nos serviría la oración, las renuncias, el servicio, el amor, las celebraciones? ¿Serviría de algo nuestro testimonio? Ahora es firme nuestra esperanza. Hoy celebramos la gran noticia que durante casi 2000 años la Iglesia, nosotros los cristianos, hemos proclamado y vivido: es Pascua, Cristo ha resucitado. Cuando falta la esperanza nos encontramos ante las mismas preguntas que se oyeron aquel día al borde del sepulcro: “¿quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?” (Mc 16,3); “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”(Lc. 24,5). Estamos tan acomodados que cuando hay un contratiempo -miedo a enfrentarnos a algún tipo de malestar, los ataques a nuestra fe- nos preguntamos “¿quién nos correrá la piedra del sepulcro?”. Y nos olvidamos que todo ha sido vencido por Cristo Resucitado. A veces buscamos la solución a nuestros problemas en programas faltos de vida. No vivimos la alegría del sepulcro vacío. Pero sabemos que Cristo, resucitando todo lo ha vencido y una nueva vida es posible: la vida de Cristo Resucitado. Es este Cristo quien nos dice que debemos anunciar lo que hemos visto y que Él mismo nos ha mostrado. Porque Cristo vive, nosotros podemos vivir amando, trabajar por un mundo nuevo, reconstruir la fraternidad, hacer presente su amor, vivir la esperanza pascual, creer en la vida humana, la dignidad de cada persona, la familia cristiana. Hay que ir allá donde sea necesario y anunciar que Cristo vive, que está presente en nuestra vida, que dirige la Iglesia, que está a nuestro lado y nos dice: “no tengáis miedo”. Recordemos que cada día, especialmente el domingo, el Señor Resucitado se hace presente entre nosotros en la celebración de la Eucaristía. Así se cumplen sus promesas. Camina entre nosotros hasta el fin del mundo. Porque Aquel que pasó por la vida haciendo el bien y la entregó hasta la muerte en la Cruz, ha resucitado i nos ha reunido para hacer de nosotros un pueblo que proclame sus maravillas: la esperanza que no defrauda. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |