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“Si hoy escucháis su voz…” (Jr. 11,4) 9 Marzo 2008 Este año, la proximidad de la Pascua sitúa el día del Seminario en este domingo. Cada año por San José os hablo del Seminario, las vocaciones, nuestros seminaristas. Como Obispo, hablar del Seminario es para mí hablar de la iglesia del mañana, porque de su vitalidad depende la fuerza eclesial de nuestra Diócesis. Asumamos el eslogan de esta jornada: “Si hoy escucháis su voz...” Sí, todos debemos escuchar la voz del Señor y preguntarnos qué nos pide. Y los jóvenes de manera especial. Como Pastor, no me canso de recordar la importancia de dar respuesta a la llamada del Señor. A cada comunidad; a cada familia creyente; a cada movimiento apostólico; a cada equipo de catequesis; a cada grupo de jóvenes, os pido que penséis: ¿cuánto tiempo hace que de entre vosotros no ha surgido ninguna vocación? A los seminaristas, les quiero decir: valientes! Porque en un contexto de marginación de todo lo cristiano, donde el entorno social no ayuda al compromiso y menos en el sacerdocio, mostráis disponibilidad total de entrega a Dios para el servicio a los demás, y lo hacéis con gozo porque creéis firmemente que vale la pena ser sacerdote. Os convertís así en portadores de la semilla vocacional, animando a otros jóvenes a “escuchar su voz”. Sacerdotes, vuestra entrega vivida con gozo es vuestro gran testimonio, capaz de contagiar el entusiasmo sacerdotal a los jóvenes en una sociedad que ve la religión católica como algo marginado, innecesario, pasado. Nosotros sabemos que Cristo fue de ayer, es de hoy y será de mañana. En el Seminario desarrollasteis la vocación con la oración, el estudio y el servicio. Debéis hablar del Seminario a los jóvenes de vuestras parroquias, y proponer la vocación sacerdotal a los que os parece que serían buenos sacerdotes. ¿Qué edad tiene el último sacerdote hijo de vuestra parroquia? ¿Y qué dice el Señor a las familias? Las familias cristianas han sido siempre el más fecundo vivero de vocaciones sacerdotales. Pensad esta posibilidad; ayudad a vuestros hijos a enfocar la vida al servicio de los demás, anunciar la Buena Nueva del Evangelio, ser sembradores de esperanza. Valorad la posible vocación de alguno de vuestros hijos. A todos nos debe preocupar la sequía de vocaciones. Más que nunca es necesario el anuncio del Evangelio. Pese al gran trabajo apostólico de muchos laicos comprometidos, siempre será necesario el sacerdote. Confiando en la eficacia de la oración a la que el Señor nos invita de manera exigente y persuasiva a pedir “que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 38), escuchamos hoy su voz para descubrir qué espera de cada uno de nosotros: ayuda al Seminario; oración por las vocaciones; y, de algunos, el SÍ radical. El Señor nos interpela. No tengáis miedo. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |