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“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn. 13,34) 24 Febrero 2008 Una de las mayores novedades de la fe cristiana es el “mandamiento del amor”. Se trata de secundar el camino de Jesús, a través de un amor desinteresado y magnánimo hacia cualquier persona; sin límite; hasta amar al enemigo. Este mandamiento adquiere un significado particular en el matrimonio y en la familia, donde se concreta a través del amor entre hombre y mujer que fructifica en los hijos. Un camino de vida siempre en crecimiento, a pesar de las fragilidades y dificultades, en compañía de Jesús, es decir, dejándose guiar por su forma de actuar. Nunca se hablará bastante del valor radical de la familia en la construcción de toda persona humana y de la misma sociedad. Se comprende el interés de la Iglesia, experta en humanidad, por la familia. El Papa Benedicto XVI decía este año en su discurso anual al Cuerpo Diplomático: “Deploro, una vez más, los ataques preocupantes contra la integridad de la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. Los responsables de la política, de la orientación que sean, deben defender esta institución fundamental, célula básica de la sociedad. ¡Qué más se puede decir! Hasta la libertad religiosa, exigencia ineludible de la dignidad de cada hombre y piedra angular del edificio de los derechos humanos, está frecuentemente amenazada”. El domingo día 30 del pasado diciembre, día de la Sagrada Familia, tuvo lugar en Madrid un gesto de gran alcance que manifiesta el valor fundamental de la familia en la conciencia de una gran mayoría. Fueron muchos los que salieron a la calle para testimoniar que la familia debe asumir su propio protagonismo en la salvaguarda de sus derechos. Toda una invitación a las familias a desarrollar lo que son y esforzarse en el proyecto de vida que las identifica: que la familia se fundamenta en el matrimonio entre hombre y mujer; que promueve el valor incondicional de la vida humana, desde el principio al fin; es suya la misión de educar a sus hijos, y debe gozar de libertad para cumplirla y contar con condiciones laborales que favorezcan la vida familiar. El encuentro de Madrid tiene muchos significados, pero es, sobre todo, una llamada a todas las familias cristianas que día a día van tejiendo un futuro entre sombras y luces, movidas por la experiencia de un amor que se realiza de múltiples formas: en el respeto, el diálogo, la cooperación, el perdón, el esfuerzo por crear un ambiente amable, la atención a quien tiene necesidad. Una experiencia que se fortalece en la celebración de la fe en la comunidad cristiana, donde la familia encuentra energía y motivación para vivir, para colaborar con otras familias e integrarse plenamente en la gran familia de Dios, que es la Iglesia. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |