Madres sanas: derecho y esperanza

3 Febrero 2008 

 Un año más nos encontramos ante de la campaña de “Manos Unidas”. Para los cristianos, ésta es una acción de gran alcance a favor del desarrollo que ayuda a superar el hambre en el mundo. Una misión que la Iglesia, consciente de que este es el problema sangrante que hoy tiene nuestro mundo, lo ha confiado a Manos Unidas. Ella aporta los medios materiales que hacen posible llevar adelante proyectos de promoción y desarrollo: mejora de la agricultura; capacitación de la población infantil y adulta; dignificación de la condición de la mujer y su preparación para la vida familiar y profesional; promoción de la salud. La campaña de este año está dirigida a la mujer. Su eslogan es: MADRES SANAS: DERECHO Y ESPERANZA. 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos marca las pautas indispensables para una vida digna. Unos derechos que todavía no han llegado a las mujeres del tercer mundo. Por esto Manos Unidas, al tiempo que proclama la igualdad radical de todos los seres humanos, hijos de Dios, denuncia las desigualdades a la hora de gozar de los derechos básicos fundamentados. No olvidemos que la realidad del hombre y la mujer como “imagen de Dios” alcanza a la totalidad del ser, quien participa íntegramente de esta condición privilegiada de ser hijo de Dios. 

La mujer del Tercer Mundo es la esperanza de un mundo mejor. El papel de la mujer es fundamental para transformar los males de los países pobres. Al revalorizar su rol se está engendrando una nueva generación. El Papa Benedicto nos dice en su Encíclica “Spe salvi”: “El sufrimiento y los tormentos son terribles y casi insoportables. Sin embargo, ha surgido la estrella de la esperanza, el ancla del corazón llega hasta el trono de Dios. No se desata el mal en el hombre, sino que vence la luz: el sufrimiento –sin dejar de ser sufrimiento- se convierte a pesar de todo en canto de alabanza. La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”. Manos Unidas nos convoca este año a centrar toda esta perspectiva en la atención y promoción de la mujer como camino fundamental para que el mundo muestre un rostro más humano, para que las nuevas generaciones encuentren buena acogida y nuevos impulsos para crecer en todas las dimensiones de su existencia.  

Es una acción difícil; un gran reto. La Beata Teresa de Calcuta dice que “cuando se está en el túnel de todas las oscuridades, solamente hay dos alternativas: o maldecir o encender una luz”. La tarea de los cristianos es precisamente iluminar y redescubrir el optimismo y la esperanza. 

  X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida