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“Qué delicia, convivir los hermanos unidos”(Sal 133,1) 27 Enero 2008 El próximo 2 de febrero la Iglesia celebra la Jornada dedicada a la Vida Consagrada. Una oportunidad para dar gracias a Dios por el gran don que nos ha hecho a través de tantos hermanos y hermanas que consagran su vida en el seguimiento de Cristo, pobre, virgen y obediente. Son los religiosos y religiosas, presentes en múltiples obras eclesiales pero que muestran una misma realidad: seguir a Cristo con un corazón indiviso. Son muchas las dimensiones de la Vida Consagrada, pero hay una de especial actualidad para nuestra Diócesis: ser testigos creíbles de la comunión eclesial. Precisamente la vida comunitaria de los religiosos y religiosas constituye una señal para que toda la Iglesia crezca en fraternidad. “la Iglesia encomienda a las comunidades de Vida Consagrada la particular tarea de fomentar la espiritualidad de la comunión… son enviadas a anunciar, con el testimonio de la propia vida, el valor de la fraternidad cristiana y la fuerza transformadora de la Buena Nueva que hace reconocer a todos como hijos de Dios e invita al amor, al don de si mismo hacia todos, especialmente hacia los últimos. Estas comunidades son lugares de esperanza y de descubrimiento de las Bienaventuranzas; lugares en los que el amor, nutrido de la oración, principio de comunión, está llamado a convertirse en lógica de vida y fuente de alegría” (Vida Consagrada, nº 51). Nuestra Diócesis cuenta con una presencia consistente de religiosos y religiosas. En este día, pidamos al Señor para que vivan según la vocación a la que Él les llama, y, sobre todo en la hora presente, que ofrezcan un testimonio creíble de la fuerza fraterna del Evangelio. Nuestro mundo está necesitado de este ejemplo de fraternidad, no como algo meramente sentimental, sino como una realidad concreta tejida de esfuerzo y de don de uno mismo, de alegrías y de dificultades compartidas. La fe cristiana no es un mensaje inconcreto o abstracto, sino una propuesta de vida que ya crece en este mundo aunque tiene un futuro todavía por realizar en plenitud. Por esto necesitamos del testimonio de todo el pueblo cristiano, pero, de forma particular, de aquellos que han querido seguir a Cristo de esta forma tan original como es la Vida Consagrada. La fiesta de la Presentación del Señor ilumina el ofrecimiento de la propia vida, al que se consagran los religiosos y religiosas. Un ofrecimiento que se apoya en la intercesión de la Virgen. Ella, así como presentó a Jesús en el Templo, también presenta a aquellos bautizados que, siguiendo a Cristo, se ofrecen para ser signos de fraternidad. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |