“En el bautismo de Cristo en el Jodán has realizado signos prodigiosos” (Prefacio)

13 Enero 2008

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el Espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos participantes de su misión. El Bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra” (CIC,1213). Sorprenden los dones que recibimos por el Bautismo, si somos conscientes de lo que este representa. La comunidad cristiana debe tomar conciencia de la realidad y exigencias del Bautismo, en una sociedad secularizada, donde familias tradicionalmente cristianas no bautizan a sus hijos, y después quieren que sean bautizados para que puedan recibir la Primera Comunión. Pero crece también el número de adultos que piden el Bautismo para participar de la vida cristiana. 

Todo esto sitúa en el centro de la pastoral el gran tema de la “Iniciación Cristiana”, cómo llegar a ser cristianos. Es de gran actualidad la afirmación de Tertuliano: “nadie nace cristiano. Somos cristianos por la fe y el Bautismo”; es decir: “somos cristianos por la gracia de Dios”. Dios mismo es quien nos inicia a la vida cristiana y suscita en nosotros la respuesta de la fe, a la que hemos despertado y hemos sido educados en el seno de la comunidad eclesial, que incluye nuestras familias, el ambiente de nuestros pueblos manifestado de tantas maneras en la religiosidad popular: la devoción a la Virgen, las grandes fiestas; y también las distintas formas de enseñanza y catequesis. 

Pero las cosas han cambiado. Podríamos decir que nos encontramos en circunstancias semejantes a los primeros tiempos de la Iglesia. La fe cristiana no es una realidad pacíficamente aceptada, sino que, aunque mantenemos la costumbre de bautizar a los niños al poco tiempo de nacer, nos encontramos ante una nueva realidad. Se necesita una propuesta explícita de la fe que haga fructificar el don de la vida nueva que, por el Bautismo, ha sido sembrado en nuestro corazón. Para llevar adelante esta propuesta la Iglesia cuenta desde antiguo con un camino señalado: el “Catecumenado Bautismal”, a través del cual, uniendo la Palabra y la oración, la conversión y los sacramentos, paso a paso, llegamos a ser cristianos, a recibir los “sacramentos que nos hacen cristianos”, el primero de los cuales es el Bautismo. 

El Papa Juan Pablo II nos decía que “toda nuestra Iglesia debe ponerse en estado de Iniciación, acogiendo más decididamente la novedad del Evangelio para poderla anunciar ella misma”. Una invitación a realizar en nuestras comunidades parroquiales. El Bautismo de Cristo en el Jordán es el anuncio de nuestro Bautismo, que debemos preparar y desarrollar a través de una catequesis al servicio de la Iniciación Cristiana.

  X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida