“Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino” (Lc. 23,42)

 

25  Noviembre 2007  

Con la celebración de la fiesta de Cristo, Rey del Universo, concluye el año litúrgico. El próximo domingo se inicia un nuevo tiempo celebrativo: el Adviento, con el que nos disponemos a preparar la gran fiesta de la Navidad. Este domingo todo se concentra en la contemplación de Cristo, Rey. Cuyo reinado lo ejerce desde la Cruz. Allí, cuando todo está perdido, Jesús proclama la fuerza de su reinado al anunciar una promesa de vida al ladrón que le suplica: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43). 

Fijar nuestros ojos en Cristo es lo mismo que decir creer en Él, amarle y seguirle. Esto constituye la médula de la vida cristiana. Porque muchos valores podremos cultivar los cristianos; muchas obras de todo tipo podemos ofrecer para el bien de los demás; pero si nos quitan a Cristo y lo que con Él nos viene: la salvación, el perdón de los pecados, la vida eterna, no nos queda nada. Con Cristo, el Reino de Dios, la Vida de Dios, ya ha empezado a crecer en nuestro mundo.  

Con su predicación y sus obras Jesús anunciaba que el Reino de Dios estaba entrando con Él en este mundo. Por eso no se contentaba con ser un maestro de moral, alguien que explica un libro, pues en Él, Dios mismo nos hace llegar su presencia, su reconciliación y su vida. Hablar del Reino de Dios no es hablar de un proyecto de futuro. Todos estamos llamados a contribuir, a que la vida de Dios se expanda y renueve este mundo redimiéndolo de sus heridas, traiciones y fracasos. Pero nada de esto es posible sin Cristo, en quien el Reino de Dios se hace presente entre los hombres. De ahí la necesidad de unirnos a Él, de seguirle a Él, para que el Reino crezca entre nosotros. 

Jesús mismo subrayó que su Reino no es de este mundo, es decir, ni sus métodos ni sus finalidades se identifican con ningún proyecto social o político. Y sin embargo, la vida de Dios que con Él nos viene es como una semilla que renueva e impulsa el crecimiento de todas las realidades hacia una plenitud insospechada. De ahí que el Reino de Dios, sin confundirse con ningún proyecto humano, tiene que ver con todo cuanto ennoblece a las personas, con toda propuesta que dignifique y libere, que promueva la fraternidad y la justicia en el mundo. En la fiesta de Cristo Rey fijemos nuestra mirada en Cristo. Y, con Él, hacer que nuestra vida sea un gesto en la mejora de este mundo, ya sea en el corazón de nuestras familias, en el desarrollo de nuestro trabajo, ya sea en la propia acción política y social o en el servicio que, cada vez más intensamente, demanda la Iglesia. 

  X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida