|
“La generosidad da buenos frutos”
18 Noviembre 2007 Como va siendo tradicional, este domingo celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Es una llamada a todos los miembros de la Iglesia a renovar su pertenencia a la comunidad de fe en la que nacieron y a la que pertenecen. Una oportunidad para profundizar en la realidad de la Iglesia como comunidad que camina en la historia, pero que la trasciende a la vez. “Solamente “con los ojos de la fe” se puede ver al mismo tiempo en esta realidad visible una realidad espiritual portadora de vida divina” (CIC, 770). Pertenecer a la Iglesia es un don que se nos da el día de nuestro Bautismo, del que nace una responsabilidad que tiene múltiples manifestaciones. Una de ellas es colaborar en su sostenimiento económico. Una realidad que no es exclusiva de nadie, aunque es responsabilidad propia de los católicos. Son muchas las personas que, más allá de las convicciones personales, desean apoyar la obra social y humanitaria que la Iglesia lleva a cabo en diversos campos, entre nosotros y en los países más pobres del planeta. Durante mucho tiempo los católicos, y muchos otros ciudadanos, hemos deseado que el sostenimiento económico de la Iglesia fuera una realidad libre, es decir, responsabilidad directa de quienes lo asumen libremente, sin ninguna aportación que la obligue a depender de las decisiones de ningún Gobierno. Ahora ha llegado esta hora. Un nuevo acuerdo establecido entre el Gobierno español y la Santa Sede ha introducido un cambio fundamental, realmente nuevo, en la financiación de la Iglesia, que a partir de ahora depende exclusivamente de los católicos y de todos aquellos que valoran su tarea. Así, la Iglesia será más libre y más responsable de los bienes que se le confían. Ciertamente, este nuevo sistema requerirá de una información más constante para mostrar con más transparencia su obra, aunque tantas veces deberá actuar de forma silenciosa y discreta. A partir del próximo año los ciudadanos podrán destinar a la Iglesia el 0,7% de su declaración tributaria. Una declaración que puede incluir también otras finalidades sociales. En este sentido, es muy importante manifestar a la Agencia Tributaria nuestra voluntad de ofrecer este 0,7% a favor de la Iglesia, tanto si hacemos declaración como si no, pues también en este caso está prevista la manera de que nuestra voluntad se cumpla. En el día de la Iglesia diocesana celebremos nuestra pertenencia a esta gran familia de fe, que se hace visible en parroquias, monasterios, obras sociales, escuelas... gracias a tantas personas que discretamente contribuyen a la mejora de una sociedad más justa y fraterna, siempre en camino y abierta a las promesas del Dios de la vida y del amor. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |