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“Todas las Iglesias para todo el mundo” (Beato Bartolomé Longo)
21 Octubre 2007 Este domingo toda la Iglesia está convocada a celebrar la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND. Una realidad que siempre ha impulsado nuestras comunidades y las ha abierto a las múltiples pueblos y culturas. Muchos misioneros y misioneras de nuestra Diócesis han hecho presente esta vocación de toda comunidad cristiana. Es mucha la gratitud que debemos a Dios porque ha encontrado respuesta entre nosotros. Hoy parece que este impulso misionero entra en una nueva fase. La misión es intercambio entre comunidades, y una nueva llamada a no olvidar la vocación misionera inherente a toda vida cristiana. “La Iglesia es misionera por su propia naturaleza, ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón mismo de la Iglesia. Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes. Las mismas Iglesias más jóvenes deben participar cuanto antes y de hecho en la misión universal de la Iglesia, enviando misioneros a predicar por todas las partes del mundo el Evangelio, aunque sufran escasez de clero” (Juan Pablo II, Redemptoris missio, n.62) Este año se celebran 50 años del histórico llamamiento de Pío XII a una cooperación más decidida entre las Iglesias al servicio de la misión. Su fruto más notable ha sido la gran cantidad de sacerdotes diocesanos y de laicos que han participado en la misión. Pero hoy nuestras iglesias han envejecido y constatamos la dificultad de ofrecer nuevos sacerdotes y laicos para la misión. No obstante debemos insistir en la oración y el testimonio para que la vocación misionera continúe viva entre nosotros. El Papa Benedicto XVI nos dice en su mensaje para este día: “el compromiso misionero sigue siendo el primer servicio que la Iglesia debe prestar a la humanidad de hoy, para orientar y evangelizar los cambios culturales, sociales y éticos; para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo, en muchas partes del mundo humillado y oprimido a causa de pobrezas endémicas, de violencia, de negación sistemática de derechos humanos… Toda comunidad cristiana nace misionera, y el amor de los creyentes a su Señor se mide precisamente según su compromiso evangelizador. Podríamos decir que, para los fieles, no se trata simplemente de colaborar en la actividad de evangelización, sino de sentirse ellos mismos protagonistas y corresponsables de la misión de la Iglesia”. Unidos al Santo Padre demos gracias al Señor por nuestros misioneros y misioneras, y pidámosle que también a nosotros, cada uno desde su posibilidad y condición, nos permita acoger la llamada a cooperar con otras iglesias, a hacer presente a Cristo allá donde nos encontremos. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |