|
“Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15)
30 Septiembre 2007 La Iglesia existe para evangelizar, para “llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad, y con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad” (EN,18). Se trata, pues, de seguir el mandato del Señor: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15). Este mandato “comporta varios aspectos, íntimamente unidos entre sí: anunciar, haced discípulos y enseñad, sed mis testigos, bautizad, haced esto en memoria mía, amaos los unos a los otros” Son los medios y las vías que el Señor ha dado a su Iglesia para hacerse presente y mostrar su Buena Nueva. Hoy el anuncio del Evangelio se encuentra con una nueva situación: personas adultas que piden ser bautizadas para incorporarse a la vida de la Iglesia; familias que piden para sus hijos el Bautismo, muchas veces con ocasión de su incorporación a la catequesis que les llevará a celebrar la Primera Comunión. En todo esto se perciben distintas actitudes: unos están realmente preocupados por llegar a ser cristianos; otros lo ven con indiferencia o acaso como una costumbre que hay que continuar, sobre todo en el caso de los niños. Son situaciones que muestran la necesidad de una nueva propuesta de la fe, especialmente para los padres, tanto si piden el Bautismo para sus hijos recién nacidos como si lo piden en edad más avanzada con ocasión de la celebración de la Primera Comunión. Esta nueva demanda de niños no bautizados que se incorporan a la catequesis requiere una atención particular. Es una oportunidad para ofrecer el Evangelio y, en estos casos, no se debe actuar de prisa y corriendo, bautizándolo casi a escondidas para que pueda recibir la Comunión; o tratarlo como si fuera un recién nacido, olvidando las indicaciones que la Iglesia propone para estos casos en el Ritual de la Iniciación Cristiana: “Los niños no bautizados serán admitidos a los sacramentos de la Iniciación después de un verdadero y propio catecumenado” (nº 44,3). A partir de los siete años los niños se consideran adultos y no se les puede bautizar como a los recién nacidos; ellos han de conocer y aceptar, dentro de sus posibilidades, los compromisos bautismales. Para ello es necesario seguir las orientaciones que la Diócesis ha establecido a tal efecto, y consultar siempre con el Obispo o su Delegado. Es necesario que nuestras parroquias asuman esta nueva responsabilidad, sobre todo acogiendo a quienes se inician en la fe y se preparan al Bautismo en la dinámica de la vida eclesial, a través de la escucha de la Palabra, la celebración y el amor mutuo. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |