"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5,29)

 

22 Julio 2007 

Los apóstoles no se dejaron llevar por miramientos en el momento de dar a conocer la Buena Noticia de Jesús. Su trabajo de pioneros tuvo una gran fuerza expansiva. La muerte de Jaime, el pescador de Galilea, el primero de los apóstoles en derramar su sangre por la verdad del Evangelio, fue punto de partida para una más grande irradiación de la predicación evangélica en nuestras tierras. Su patronazgo en los pueblos de España es una constante invitación a curar las llagas de la violencia y a abrir a los creyentes a dar testimonio valiente de Jesucristo. 

La tradición dice que Jaime evangelizó España, y su legado cristiano a lo largo de los siglos ha dado frutos: defendió la familia; acogió necesidades materiales y espirituales; valoró la dignidad humana; la convivencia y el respeto mutuo; la justicia social. Siempre teniendo presente lo que Jesús había proclamado. 

Hoy somos nosotros los que hemos de testimoniar este patrimonio de la fe apostólica. El Papa Pablo VI decía que “el patrimonio de la fe es un legado vivo, de gran trascendencia para todos los ámbitos de la vida humana, desde la vida personal y familiar hasta la política y cultural. Es necesario recordar que evangelizar es sobre todo dar testimonio de una manera sencilla y directa del Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Testimoniar que ha amado al mundo en su Hijo, que en Él ha llamado a todos los hombres a la vida eterna” (EN 26). La peculiar situación actual que nos rodea hace más necesario nuestro testimonio en medio del mundo. “La secularización, el ateísmo teórico y práctico y la permisividad moral son actitudes ampliamente difundidas y socialmente respaldadas entre nosotros. Ante estas situaciones no hemos de caer en la tentación de la nostalgia ni de la venganza. El camino verdadero ha de buscar con serenidad nuestra respuesta como cristianos para que nuestras generaciones puedan seguir creyendo en Dios y encontrar en Él el punto de referencia seguro y verdadero que les libre de la incertidumbre y de la degeneración”. (Los católicos en la vida pública, 91-92). 

Como Pedro y los apóstoles hemos de decir: “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Y hemos de hablar con el lenguaje que todo el mundo entiende: el testimonio. Testimonio que, como los apóstoles, hemos de hacer en equipo. La misión y la responsabilidad de trabajar por la instauración de los valores del Reino de Dios en el mundo es común a todos los bautizados, cada uno según su propia vocación, y ha de ser la comunidad la que aliente el trabajo apostólico, cumpliendo así con su misión evangelizadora. 

Que la dirección de San Jaime nos ayude a conservar la fe de nuestros pueblos y a propagarla por toda la tierra, porque Cristo nos ha elegido para ser y hacer Iglesia.

X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida