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“Lourdes: vivir el perdón de Dios"
1 Julio 2007 Este domingo las diócesis de Tortosa y Lleida estrecharán sus vínculos en una misma plegaria en el santuario de la Virgen de Lourdes. Un año más, las respectivas Hospitalidades han preparado la peregrinación, en la que jóvenes y ancianos, enfermos y voluntarios se disponen a vivir una experiencia de fraternidad y oración bajo la entrañable mirada de la Virgen. Unas jornadas que son siempre escuela de humanidad y de vida cristiana, de ayuda mutua y de aceptación de las propias heridas. Una experiencia necesaria en la vida de toda persona, porque, ¿quién no sufre en algún momento el dolor de la enfermedad o las consecuencias de los muchos años vividos? “Reconciliaros con Dios” (2Co.5,20). Es el lema que este año acompaña la peregrinación a Lourdes. Una llamada a entrar en el misterio de las propias traiciones; de nuestra incoherencia a la hora de vivir la amistad con Cristo; de nuestro no al amor de los otros; de nuestra capacidad de romper los vínculos que nos unen. Y es también una llamada a no quedarnos en el reconocimiento de nuestros problemas, de nuestros límites, de nuestro pecado; y a descubrirlo todo a la luz de la misericordia de Aquel que es especialista en el perdón y el amor: Dios nuestro Padre, que en Cristo nos ha reconciliado y nos ofrece constantemente la posibilidad de reemprender el camino, a través del Espíritu Santo que se nos da especialmente en el sacramento de la Penitencia o Reconciliación. La Cueva de Lourdes, en la que Bernardette recibió el gran don de la presencia de María, congrega a multitud de peregrinos que fijan su mirada en la imagen de la Virgen, que proclama el gran don que Dios le ha hecho: “Yo soy la Inmaculada”. Es el inicio de la gran novedad: Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nacido de María para nuestra salvación, para el perdón de nuestros pecados. Jesús es el camino de la vida nueva, y “María, su Madre y nuestra Madre, le es del todo transparente: enseña el camino, es el signo” (CEC, 2674). Por eso los cristianos de todos los tiempos le han suplicado: “ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. Una manera de ponernos en sus manos en el hoy de nuestra vida, y de mostrar una confianza que se extiende hasta nuestra entrega en la última hora. La experiencia de Lourdes nos conduce a reconocer nuestras limitaciones, pero también despierta nuestro deseo de crecimiento, de curación, de vida nueva. En Lourdes, la celebración del sacramento de la Reconciliación o Penitencia abrirá para todos una nueva posibilidad, porque, al confesar nuestras heridas, podremos acoger la palabra del perdón que nos lleva a resucitar de las propias cenizas y reemprender, de nuevo, el camino de la vida. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |