“Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mas grande que él” (Mt. 11,11)

 

24 Junio 2007 

Jesús dijo de Juan Bautista: “entre los nacido de mujer no hay ninguno más grande que él”. Los cristianos de ayer y de hoy así lo celebramos. Zacarías, padre de Juan, dio gracias a Dios con su “Benedictus”; nosotros damos gracias con las celebraciones litúrgicas  -la Santa Misa que recuerda su nacimiento, y no la muerte como en los otros santos- y las celebraciones populares -hogueras, verbenas y dulces-, en honor al Precursor de Jesús. 

La tradición de las hogueras nos viene de la fiesta pagana del solsticio de verano. Pero para los cristianos el fuego de esta noche es la expresión humana de acción de gracias a Dios por la creación de los ciclos de vida que hacen fructificar la tierra, las estaciones del año. El fuego es en la tradición antigua un signo purificador de “el hombre viejo” una purificación expresada con la alegría y la fiesta alrededor de la hoguera. 

La alegría, tantas veces expresada con la risa, es necesaria. El mismo san Pablo nos invita a la alegría: “Vivid siempre contentos en el Señor”. Lo repito: vivid contentos!. Que todo el mundo os conozca como a gente de buen trato” (Fl 4, 4-5). La alegría de los cristianos denota la presencia del Señor en ellos, su actitud de esperanza, de estar siempre en el camino hacia el Padre compartiendo los bienes con los hermanos. Así lo vivía y lo proclamaba el Bautista allá en el Jordán. 

Pablo VI nos recuerda tres niveles de alegría: las alegrías humanas -contemplar un paisaje, participar en un banquete o temáticas culturales-; las relaciones interpersonales -encuentros de amistad, de fraternidad, de afinidades-; y la apertura de aquello trascendente, fruto de la gracia de Dios. En efecto, Cristo no asegura únicamente la felicidad sino también una vida en el gozo de Dios. Solo están verdaderamente alegres quienes se sienten felices con los otros y con Dios. La fiesta de San Juan debe tener estas características. 

Ser precursor del Señor fue la gran misión del Bautista, “la voz de una llamada en el desierto: preparad los caminos del Señor, allanad sus senderos” (Mt.3,3). Preparó el camino del Señor con su austeridad, la denuncia del mal y el testimonio hasta el martirio. Nosotros también tenemos que ser precursores del Señor, preparar sus caminos viviendo la alegría y siendo portadores de ella; como decía la Beata Teresa de Calcuta: “procurad que todos los que se acerquen a vosotros se vayan más felices”. Seamos precursores de la alegría humana, porque nuestra felicidad será mas plena si somos portadores de la misma a los demás. 

X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida