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El joven le dijo: que me falta hacer que me falta aún? (Mt 19,20)
17 Junio 2007 En el Evangelio de San Mateo, un joven pregunta a Jesús:”que me falta hacer aún?”. Cumplía los mandamientos pero en su corazón sentía la necesidad de un crecimiento mayor en la respuesta a la llamada de Dios. Un joven con inquietud, como muchos de hoy en día. Con una inquietud que no se agota en las dudas del futuro -que trabajo realizará, que estudios escogerá… -sino que se pregunta como ser mejor, para ser feliz y vivir con plenitud. Hoy en día los jóvenes viven en un mundo que les propone caminos de realización que se agotan en las realidades inmediatas. Participan del mundo que les toca vivir, centrado en si mismo, que esconde las preguntas sobre el mas allá, sobre el sentido de la vida, sobre Dios. El documento de los Obispos de la Tarraconense “Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor” ofrece una radiografía de esa problemática, así como caminos para dar una respuesta. Las encuestas sociológicas nos hablan de una sociedad en la cual llegan más lejos -o por lo menos así nos lo muestran- aquellos que ponen en duda la fe o no quieren responder a la posibilidad de la existencia de Dios. También se habla del olvido de las raíces cristianas en nuestra sociedad. Por este motivo se comprende que muchos de nuestros jóvenes se sientan desconcertados con respecto al tema religioso y sus inquietudes únicamente se centran en el día a día. Si los adultos no viven a fondo la fe, si su testimonio no provoca a los jóvenes, ¿cómo se podrá suscitar inquietud en ellos? Ante esta situación, la primera misión de la Iglesia y de los cristianos, ¿no ha de ser ayudar a los jóvenes a abrirse a nuevas preguntas, a nuevas perspectivas?; ¿no ha de ser alimentar en ellos el deseo de una vida más llena, de una felicidad que vaya más allá del momento presente, de un amor más fuerte que la muerte? Como el joven del Evangelio, la respuesta a la inquietud fundamental está en encontrarse con Dios. Una experiencia que nace de la fe en la persona de Cristo, que nos revela que Dios es Padre y todos somos hermanos; una fe que es el encuentro del hombre con Dios y no una simple adhesión a un conjunto de verdades, a pesar de que estas sean el camino que revela su amor por nosotros. Quien busca a Dios con sinceridad lo encuentra. Este encuentro es la fe. Entonces se deja modelar por Él. Y Él le llena de la Verdad que iluminará toda su vida; se siente poseído gozosamente por el Amor que le inunda la existencia. Un encuentro que marca definitivamente. Entonces el joven habrá encontrado aquello que buscaba. En la medida que Dios es conocido y amado, el ser humano puede avanzar hacia su plena realización. X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |