“Haced esto en memoria mía” (Lc 22, 19)

 

10 Junio 2007 

Los gestos y las palabras de Jesús en la Última Cena transcendieron las paredes del Cenáculo y llegan hasta nosotros. “Haced esto en memoria mía”. Es el mandato del Señor que continúa realizándose hoy por la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. Y la fiesta del Corpus Christi resalta este misterio de fe que da vida a la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI, en su Exhortación Apostólica “Sacramento de amor” nos dice: “Invito a los fieles a encontrar personalmente tiempo para estar en oración delante del sacramento del altar, pido a las parroquias y a otros grupos eclesiales que promuevan momentos de adoración comunitaria. Obviamente conservan todo su valor las formas de devoción ya existentes. Pienso, por ejemplo, en las procesiones eucarísticas, sobre todo la procesión tradicional en la solemnidad del Corpus Christi” (Sa.Ca.68). Ésta es una invitación que ilumina especialmente todo aquello que hacemos en la fiesta del Corpus Christi y todos los elementos que en ella coinciden: la rica orfebrería, los cantos, las alfombras, la música. Todo un conjunto de elementos que quieren resaltar la novedad de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Jesús, igual que caminaba por los caminos de Nazaret, de Cafarnaún, de Jerusalén, camina también hoy por nuestras calles en la procesión del Corpus. Su presencia es real, pero solamente podemos descubrirla con los ojos de la fe. La Eucaristía es un misterio que se ha de creer. Por eso, comentando el texto de San Lucas, 22,19, donde dice: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros”, San Cirilo de Jerusalén declara: “no te preguntes si esto es verdad; mejor aún, acoge con fe las palabras del Señor; porque Él, que es la Verdad, no miente”. (CEC, 1381).

Adorar y participar en la Eucaristía exige amar a Cristo y amar como Él. Por eso en la fiesta del Corpus se celebra el día de la Caridad. Es preciso reavivar “la tradición tan intensamente vivida en los primeros siglos de la Iglesia, vinculando la celebración de la Eucaristía con la caridad fraterna, insistiendo de manera particular en la relación entre la Fracción del Pan y la comunión cristiana de bienes”. (Concilio Provincial Tarraconense, resolución 77). La Eucaristía es la novedad permanente de Cristo entre nosotros, es la fuente de la vida cristiana. Vivir la Eucaristía es dejarse atrapar por Cristo que nos convoca para manifestar su amor en un amor concreto y efectivo a nuestros hermanos. La Eucaristía construye la Iglesia, es decir, la familia de Dios. Imposible vivir la Eucaristía sin un compromiso de fraternidad, sin una visión de la vida como don de uno mismo. 

X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida