“Acoger, comprender, acompañar”

 

13 Mayo 2007 

En el Evangelio encontramos a Jesús rodeado de enfermos. Él los tenía como predilectos y les devolvía la salud con el solo hecho de tocarles, con su forma de actuar, ordenó a los discípulos que cuidasen de ellos, de tal manera que dijo que lo que hiciesen a un enfermo se lo hacían a él (Cf. MT. 25,36). La Iglesia ha entendido bien este mensaje. Su historia es un claro testimonio. Actualmente los cambios que se operan en el campo de la salud son muy complicados. Pero la pastoral de la salud continúa siendo un compromiso fundamental en la acción evangelizadora de la Iglesia.

Los cambios socioculturales del momento presente empujan al sistema sanitario a priorizar la curación y la prevención, quitando importancia a los hechos decisivos del ser humano, como son el nacimiento, el sufrimiento o la muerte. Es comprensible que los creyentes miren estos esfuerzos de la medicina con una cierta reserva, porque, casi sin darnos cuenta, podemos introducirnos en una cultura que no valora todas las dimensiones de la vida, especialmente la del inicio y la del final, ni tampoco la dimensión espiritual de la persona. Como recuerda la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida: “nos encontramos en un momento preocupante y tenemos que denunciar en nuestra sociedad… una visión del hombre que deja sin fundamento sus derechos fundamentales y diluye el valor de la vida y de la dignidad de la persona”. 

La respuesta de la Iglesia ante de la enfermedad es la proclamación del mensaje de esperanza fundamentada en el amor y la fidelidad salvadora de Dios, que el Papa Benedicto expone en su encíclica “Dios es amor”: “es necesario que seamos competentes profesionalmente quienes atendemos a los que padecen… pero los enfermos necesitan también atención cordial …tiene que llevarse al enfermo a su encuentro con Cristo”. Siguiendo esta propuesta, la comunidad cristiana tiene la obligación de atender a sus enfermos, tarea de todos y cada uno de sus componentes. Así mismo, en la lucha contra la enfermedad y la búsqueda de la salud, es necesario valorar “los esfuerzos de los médicos y del personal sanitario que tienen que hacer, intentar y disponer de todo aquello que consideren lícito y provechoso para aligerar el espíritu y el cuerpo de quienes padecen” (RU 3). También los esfuerzos del voluntariado que visita enfermos y, de manera particular, la compañía insustituible de la familia, que en los momentos más difíciles muestra un amor que ayuda decisivamente en el proceso de la enfermedad.

En este día en que la Iglesia diocesana celebra la Pascua de los enfermos, acojamos estas palabras con las que el Papa Benedicto une la lucha por la superación de la enfermedad con la experiencia de Cristo: Os invito a contemplar el sufrimiento de Cristo crucificado y, en unión con Él, a dirigiros al Padre con la plena confianza de que toda vida y la vuestra en particular está en sus manos”.

X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida