|
"Esto es mi Cuerpo, entregado por vosotros" (Lc. 22,19
22 Abril 2007 En las próximas semanas se celebrarán en las parroquias las PRIMERAS COMUNIONES. “Amén”, responderá el niño cuando el sacerdote, con la Sagrada Forma, le dirá: “El Cuerpo de Cristo”. Y recibirá la Primera Comunión. Detrás de esta celebración hay una gran tarea del catequista, dos años de catequesis, encuentros con los padres… Y una pregunta que resonará: Y ahora qué? La Primera Comunión es un momento especialmente intenso en el camino del crecimiento cristiano de los niños, que necesita continuidad, con la ayuda de la parroquia y de la familia. Vivimos en medio de una cultura alejada de la fe cristiana, que favorece una forma de vivir prescindiendo de Dios. Una realidad que se detecta también en familias que han pedido para sus hijos la Primera Comunión. Esto lleva a un replanteamiento pastoral. La preparación de la Primera Comunión requiere muchas energías, personas y tiempo. Pero para algunas familias la celebración será solamente un acto social. Significa que la iniciación de sus hijos en la fe no fructificará. En cambio la comunidad eclesial busca en ella la incorporación de los niños a la parroquia. Una oferta y una demanda divergentes. Cuando la comunidad prepara a los niños para recibir la Primera Comunión, manifiesta la necesidad de un entorno cristiano. San Pío X, el Papa que abrió las puertas de la Eucaristía a los niños, en cuanto llegaran al uso de razón, decía: “… siempre y cuando se asegure la continuidad de la catequesis después de la Primera Comunión”. Qué diría hoy, que los muchachos reciben una mezcla indiscriminada de imágenes y propuestas? Esto obliga a la familia y a la comunidad a una atención más cuidadosa para ofrecer a los niños una verdadera y atractiva imagen cristiana. Por eso los padres se han de esforzar para que sus hijos continúen asistiendo a la catequesis y participando en la Misa de cada domingo. Porque, qué sentido tiene que el hijo reciba la Primera Comunión si los padres no reactivan su fe, la maduran y la fundamentan, es decir, si no son testigos de la fe para sus hijos? La celebración de la fiesta no ha de distraer la atención ni esconder el significado de lo que se celebra, al contrario, ha de ayudar a destacar el sentido de la fe cristiana. Es preciso agradecer el ejemplo de algunas familias y parroquias que intentan convertir la fiesta de la Primera Comunión en una celebración sencilla, sobria y compartida, pero llena de sentido, llevando a la práctica lo que sabemos de los primeros cristianos: “Todos eran constantes en el partir el pan”, y este “partir” les apremiaba a “compartir” los bienes con los más necesitados. Que el “Amén” al “Cuerpo de Cristo entregado por vosotros” sea signo de la unidad, el vínculo de la caridad, el ágape pascual, en el cual se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia, se nos da la prenda de la vida eterna” (Compendio CEC. 271) X Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa Administrador Apostólico de Lleida |