“A este Jesús, Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros” (Hechos 2, 32)

 

8 Abril 2007 

Celebremos la Pascua, el paso de Jesús de la muerte a la vida, su Resurrección. Es el fundamento y el objeto por excelencia de la fe y de la esperanza cristiana. Es la buena nueva que desde el principio los apóstoles  anunciaron y de la cual ellos mismos fueron testimonios. Nosotros somos sus herederos. Creemos sin haber visto, porque nos apoyamos en los  apóstoles que vieron y creyeron. Por eso, para un cristiano, creer es incorporarse a una tradición viva que surge de Cristo y de los apóstoles, y que nos llega hoy en la vida comunitaria de la Iglesia. 

Es gracias a la acción del Espíritu Santo que el testimonio de los apóstoles continúa resonando hoy en la Iglesia. ¡Que alegría hacer nuestra, en este día de Pascua, esta buena noticia que el apóstol Pablo dirige a la comunidad de Corinto y que es la causa de salvación para los que creen: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos, a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde a todos los apóstoles. Y en último término, como uno que nace fuera de tiempo, se me apareció también a mí” (1 Co 15,3-8). 

Esta profesión de fe que San Pablo ha recibido y transmitido contiene los elementos fundamentales para  comprender el significado y el alcance de la Resurrección de Cristo. Un acontecimiento que tiene su raíz  en la Pasión, Muerte y Sepultura de Jesús por nuestros pecados. Así la resurrección es victoria sobre la muerte, sobre el pecado como alejamiento de Dios; es reconciliación de Dios con los hombres. Como nos recuerda el Compendio del Catecismo: “La Resurrección es la culminación de la Encarnación. Confirmaba la divinidad de Cristo, como también todo lo que Él hizo  y enseñó, y realiza todas las promesas divinas a favor nuestro. Además, el Resucitado vencedor del pecado y de la muerte, es el principio de  nuestra justificación y de nuestra Resurrección; desde ahora nos proporciona la gracia de la adopción filial, que es real  participación de su vida de Hijo Unigénito; después, al final de los  tiempos, resucitará nuestro cuerpo” (131).

 Hoy es Pascua; fiesta de la vida nueva de los hijos de Dios. El Bautismo inicia nuestra Pascua. La  Eucaristía la lleva a plenitud. Tenemos motivos para vivir con esperanza, para esforzarnos en la renovación de nuestro mundo. El Reino de  Dios ya ha empezado a crecer entre nosotros. Nada de lo que realicemos según la justicia, el amor, la verdad y la paz, de Cristo, será inútil, porque  contienen  las señales del Resucitado. 

X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida