“Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre” (Col. 1,2)

 

25 Marzo 2007 

Es la primera vez que escribo en esta “Hoja Dominical”, en la que tantas veces os ha escrito el querido Obispo Ciuraneta. Ahora lo haré yo, como vuestro Obispo Administrador Apostólico. Durante algún tiempo seré vuestro pastor, compartiendo esta misión con mi amada Diócesis de Tortosa. Será un tiempo de gran esfuerzo, pero confío en el Señor y en todos vosotros, de forma particular en los sacerdotes y diáconos que impulsen la acción pastoral de las parroquias juntamente con tantos laicos, religiosas y religiosos.

Os invito a vivir este período de preparación a la llegada de un nuevo Obispo desde una plegaria esperanzada, que llegue a ser impulso de una intensa vida cristiana, siguiendo las grandes líneas marcadas por el actual Plan Pastoral Diocesano “Abriendo Nuevos Caminos”, que plantea todo un conjunto de retos marcados por una actitud creativa ante las dificultades, convocando a todo el pueblo de Dios a continuar el esfuerzo de renovación pastoral de nuestras comunidades.

Realmente, los retos y desafíos del momento actual son importantes, pero igual que a los apóstoles, hoy Cristo nos dice: “Rema mar adentro y lanza las redes para pescar” (Lc.5,4). Nos invita a no quedarnos en la playa de la comodidad o de la falsa seguridad, sino a profundizar en el misterio de su amor, a explorar caminos nuevos de pastoral, a abrirnos a nuevas metas de la evangelización, de la celebración de la fe, de la misión de la Iglesia en el mundo, de la comunión eclesial” (Plan pastoral, p. 17).

En la Sagrada Escritura, el libro de Cohelet nos recuerda que hay un tiempo para cada cosa. Ahora es el tiempo de la discreción, del silencio, del trabajo cotidiano, de plantar nuevas semillas de renovación eclesial. Preparemos el camino, desvelemos lo mejor de nosotros, busquemos lo esencial en la Iglesia: ser la familia de Dios en el mundo. Esta es la mejor obra de arte que podremos contemplar y que será preciso cultivar continuamente con nuestra aportación personal.

La Diócesis de Lleida se abre a una nueva etapa desde el agradecimiento a Dios, por un Obispo que ha dedicado lo mejor de sí mismo y ha sido un testimonio de vida en la dificultad de su enfermedad, sin dejar de hacer frente a su propia responsabilidad.

El Obispo Ciuraneta nos deja, juntamente con su testimonio, sus palabras de estímulo con las que invita a toda la Iglesia diocesana a ponerse en camino confiando en Aquel que hace posible que todo sea nuevo: Jesucristo, nuestro Salvador.

 Como sucesor de él, hago mío este legado que os propongo nuevamente a todos, para continuar el camino a la espera de un nuevo pastor para esta entrañable Diócesis de Lleida.

X Javier Salinas Viñals,

Obispo de Tortosa

Administrador Apostólico de Lleida