Saludo de Mons. Joan Piris

A los miembros de la Iglesia de Lleida y a todos, mujeres y hombres que ama el Señor 

Hermanas y hermanos, fieles cristianos laicos, personas de vida consagrada y sacerdotes, os saludo con todo el corazón y con conciencia de discípulo del único Maestro Jesús Cristo, a quien queréis que haga presente en vuestro medio con fidelidad y entusiasmo.. El Cristo que acoge, que ama, que comprende ... Como se dice muy bien a la Web de la Diócesis: "no nos podemos inventar nosotros qué es y qué tiene que hacer un obispo". O como también escribió uno de vuestros sacerdotes: "La venida de un nuevo Obispo tiene que ser un fuerte interrogante, un revulsivo para nosotros, cristianos de calle y de laboratorio. Más que exigirle a él como tiene que ser, seamos nosotros los que, a su lado, hacemos camino de Iglesia misionera de Cristo, el Salvador." Y añadía: "No tengas miedo a venir, te recibiremos bien y te estimaremos; eso sí, deja de lado todo autoritarismo y prepotencia. Seas auténtico, transparente, no busques segundas intenciones en las cosas. El pueblo es muy inteligente y sabe entender enseguida las intenciones que mueven la acción. No te asuste la niebla ... La gente de la "Terra Ferma" somos de raza gigantesca." La verdad es que lo encuentro muy consolador y, a la vez, estimulante.

Soy consciente de que tendré que alcanzar muchas tareas en mi servicio a los leridanos, dado que la vida de una Diócesis comporta una gran complejidad, pero quiero pediros de entrada que tengáis en cuenta una cosa: mi función episcopal tiene esencialmente, y como primer deber, anunciar y dar a conocer Jesús. Ayudar a "creer" en Él y a mirar la vida desde sus criterios por encima de otros criterios.

En mi primera Misa (1963) me dijeron públicamente: "... eres sacerdote de Jesucristo, expropiado para utilidad pública". Hoy renuevo mi mejor disposición a practicar esta expropiación como Obispo, entregándome a vuestro servicio y asumiendo este encargo que me hace el Señor por medio de Benet XVI, Sucesor de Pere. Estar en el lugar en el cual nos han puesto y no en lo que hemos elegido es una premisa fundamental para situar religiosamente las cosas.

En este mismo sentido me gusta especialmente compartir con vosotros aquello que escribió un buen amigo sacerdote: "... en muchas ocasiones no habría estado de acuerdo con los obispos que han regido nuestra
Diócesis ... Pero me doy cuenta de que aquello que el buen Dios nos pide no es que estemos de acuerdo con nuestros obispos. Se nos pide que los estimemos porque, al fin y al cabo, el Espíritu, sirviéndose quien sabe de qué pautas políticas, nos los ha dado para regir la Iglesia de Dios que peregrina a..., como sucesores de los apóstoles de Jesucristo".

Hermanas y hermanos: la Iglesia de Lleida a la cual soy llamado como Pastor es anterior a mí y continuará también después de mí. Yo pasaré, la comunidad permanecerá ... si seré capaz de ayudar a renovar y regenerar su fe. Una fe forjada por la Palabra escuchada y vivida, regada por la sangre de Cristo y de tantos mártires que nos han precedido, y en la que trabaja el Espíritu Santo manteniendo operante la presencia del Resucitado que es garantía de fecundidad.

Será tarea mía dar voz a todas las expresiones de escucha y de conformación a Cristo que el Espíritu ya está haciendo crecer y señalando desde siempre. Y me gustaría hacerlo "con vosotros", y no desde fuera ni por encima. Soy enviado a guiar los miembros de la Comunidad Eclesial, abierto a todos aquéllos que habitan en el territorio en el cual vive esta Iglesia Particular, en comunión con la Iglesia Universal y amando el mundo que nos ha tocado vivir.

Intentaré serviros con la contemplación antes que con la acción, con la plegaria, con la constante invocación del Espíritu y con la dócil atención a sus inspiraciones. Para lo cual, encomiendo mi ministerio a la intercesión de la Virgen Blanca de la Academia -María de Nazaret-, y a la de san Juan Bautista, patrón de nuestra Iglesia Diocesana, de Santa Teresa Jornet Ivars, y de los Beatos Francesc Palau Quer y Francesc Castelló Aleu.

"La única cosa que para mí tenéis que pedir es fuerza, tanto interior como exterior, para que yo no sólo hable, sino que también esté decidido, para que sea cristiano no sólo de nombre, sino también de hechos." (San Ignacio de'Antioquía).

Con mi salutación a cada uno,

X Joan Piris, Obispo