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Todos los ministerios de la Iglesia son constitutivamente servicios y no tan sólo tareas a cumplir servicialmente Homilía de Mons. Piris en el diaconado de Jaume Melcior Diaconado de Jaume Melcior, 4-7-2010 (D 14 TO –C) Is 66,10-14c; Sal 65; Gal 6,14-18: Lc 10,1-12.17-20 “¡Alegraos, haced fiesta todos los que lo amáis! Alegraos de su gozo ... Como una madre consuela a su hijo, yo también os consolaré..." nos acaba de decir el profeta Isaías (1ªL). Y hoy, querido Jaume, gracias a que tú has querido dar una respuesta afirmativa a la llamada recibida, nosotros podemos compartir esta consolación y este gozo participando en una celebración bien significativa para nuestra Iglesia de Lleida. Desde el Bautismo cada cristiano es llamado a cumplir una misión y la Iglesia, en nombre del Señor, "exhorta vivamente a todos los laicos a responder de buena voluntad, con generosidad y con prontitud a la voz de Cristo, que hoy les invita con más insistencia, y al impulso del Espíritu Santo. En particular, los más jóvenes tendrían que sentir dirigida a ellos esta llamada y aceptarla con disponibilidad y magnanimidad" (AA 33). Tú has oído esta llamada a entender y a vivir el mundo y la historia desde el ángulo de Jesucristo. Una llamada que sabes que es gratuita y que tienes que acoger con espíritu de pobre pero con responsabilidad porque serás portador de unos bienes que no son tuyos y que tienes que vivir sin concesiones, sin huir de nada pero marcando una distancia con todo aquello que no vaya de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Por eso, como san Pablo y todos los seguidores de Jesús, tendrás que repetir muchas veces: Dios nos libre de gloriarnos en nada si no está en la cruz de nuestro Señor Jesucristo (2ªL). El Papa Benedicto nos acaba de decir que el ministerio ordenado no es un simple «oficio», sino un sacramento: Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar presente entre los hombres y actuar en favor suyo a través de él. Es la audacia de Dios que, incluso conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su nombre ... Tenemos que renovar nuestro agradecimiento por la vocación al sacerdocio ministerial: un don de Dios que se lleva en «tinajas de barro», pero que una vez y otra, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo. Jesús hoy nos anima a pedir a Dios respuestas a esta vocación: hay mucho por segar y pocos segadores. Pedid al dueño de la mies que envíe a más segadores. Pidámoslos con insistencia. Una plegaria que es, al mismo tiempo, una llamada de Dios al corazón de aquellos jóvenes que se consideren capaz de aquello mismo para lo que Dios los cree capaces. La iniciativa es siempre de Dios quien traza de muchas maneras el camino de nuestra vocación, pero -lo tenemos que repetir- a todos los bautizados nos hace una llamada como la que Jesús hizo a sus primeros discípulos encomendándoles la misión de proclamar, promover e instaurar el Reino de Dios. Y Jesús los envía delante de él a cada pueblo y a cada sitio por donde él mismo tenía que pasar (Evangelio). Los envía en comunidad (de dos en dos). Y les pide que vayan libres de lazos y libres de intereses, contentándose únicamente con lo necesario, sin bolsa, ni zurrón, sin seguridades de ningún tipo: su única seguridad tiene que ser Dios y no los bienes de la tierra ... Por eso, la entrega que comporta nuestro celibato consagrado "por el Reino" nunca tendrá sentido separado de la pobreza evangélica y de aquella libertad que nos tiene que hacer generosos en el servicio. Sólo así puede llegar a ser una manera adecuada de responder voluntariamente al amor lleno y total que el mismo Jesús manifiesta en su entrega por la humanidad. Nosotros lo acogemos y queremos corresponder con un amor oblativo que quiere parecerse también a Jesús en su relación gratuita y no posesiva con las cosas y las personas. Teniendo en cuenta, además, que nuestro celibato no es un celibato ascético como el de Juan Bautista, que parece despreciar ciertas cosas, sino el de Jesús que es muy humano, que ame la vida y sus circunstancias y sea comprensivo con las debilidades. El celibato de Jesús indica que el servicio al Reino es una tarea tan grande, urgente y necesaria que vale la pena invertir en ella todas las energías. No es separación de los hombres y del mundo sino vínculo con ellos (S. Dianich), expresión de la plena disponibilidad y también signo de la trascendencia. Jesús dice expresamente: "no todo el mundo comprende esta enseñanza, sino tan sólo aquéllos a quien Dios lo concede (Mt 19, 11). Es decir: es un don que coincide con la vocación, con la llamada expresa a amar no tan sólo de manera excepcional sino también de manera exclusiva, seguros de recibir la gracia necesaria. Y sabiendo siempre que el celibato consagrado "por el Reino" tampoco es nunca una cosa conseguida al 100%, sino una conquista diaria, como el mismo Papa Benet nos decía a los reunidos en la Plaza de San Pedro la noche del pasado 10 de Junio recomendándonos rogar al Señor para que nos ayude a liberarnos de escándalos secundarios, de manera que se haga claramente presente el gran escándalo de nuestra fe: la confianza, la fortaleza de nuestra vida basada en Dios y Jesucristo ... Hermanas y hermanos: la ordenación sacramental de un nuevo diácono nos sitúa nuevamente ante una realidad bien importante: la condición "diaconal" de toda la Iglesia. Todos los ministerios de la Iglesia son constitutivamente servicios y no tan sólo tareas a cumplir servicialmente. El diácono constituye un signo sacramental de Cristo sirviente y promueve la vocación a servir que es vocación común en todo el pueblo de Dios. Y al entregar al nuevo diácono el libro de los Evangelios le diré: "Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido hecho mensajero; y cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñes". Todo un programa de vida: cree, enseña, practica. Y Jesús señala que lo primero a transmitir es aquella paz que es fruto del Espíritu (Gal 5,2). Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz en esta casa". La paz es la primera señal del reino de Dios. La paz y la misericordia, porque ... somos una creación nueva, como nos lo ha recordado el apóstol. Anunciad que "El Reino de Dios está cerca." E insiste: aunque no os acojan, (incluso sacudiéndoos el polvo enganchado en los pies) salís a las plazas y repetid: "el Reino de Dios está cerca"! Y aún un detalle importante: «os envío como corderos en medio de lobos». Y san Juan Crisóstomo comenta: «Eso basta para daros ánimo, eso es suficiente para que tengáis confianza y no temáis a los que os atacan». La audacia de los Apóstoles y de los discípulos provenía de esta confianza cierta de haber sido enviados por Él. Actúan en el nombre de Jesucristo Nazareno convencidos que «bajo el cielo, Dios no ha dado a los hombres ningún otro nombre que pueda salvarnos» (Hechos 4,12). En el nombre del mismo Señor, os invito hoy a rogar encomendando a este nuevo candidato, acompañándolo y agradeciendo su decisión libre y generosa que -por gracia de Dios- lo lleva a ser capaz de ofrecer su vida al servicio de la Iglesia. Y quiero también dar gracias de todo corazón a su familia, que ofrece un hijo a la Iglesia, y a todas las personas que, con su palabra y su ejemplo de vida, lo han ayudado a madurar y discernir. X Joan Piris Obispo de Lleida |