Ser grande y ser humilde

18 Julio 2010

Dicen que en el siglo XIX, un turista americano fue al Cairo con el fin de visitar a un famoso sabio, y se sorprendió mucho al ver que vivía en una pequeña estancia muy simple y llena de libros. El único mobiliario era una cama, una mesa y un banco.

- ¿Donde están los muebles? -preguntó el turista. Y el sabio, rápidamente, también preguntó: ¿-y dónde están los suyos?

-Los míos? -dijo sorprendido el turista. Pero si yo estoy aquí sólo de paso! ... -Yo también - concluyó al sabio.

Ciertamente, vivir desinstalado y/o desinstalarnos podrá tener muchas lecturas, pero a todos nos vendría muy bien revisar si damos valor absoluto a nuestras realidades, no sabiendo distinguir adecuadamente aquello que es de forma evangélica consistente de aquello que es efímero.

Me lo hizo pensar también el mes pasado el Papa Benedicto XVI cuando hablaba de Tomás de Aquino (s. XIII), uno de los mayores maestros de la historia de nuestra teología que vivió en un mundo muy influenciado por la obra filosófica pre-cristiana de Aristóteles que abría nuevos horizontes con la pura razón, aunque también tuvo algún rechazo porque parecía contradictoria con la fe cristiana. Podríamos decir que, como en nuestros días, se vivía entonces un cambio de cultura con interminables discusiones a todos los niveles, desde el mundo universitario y eclesiástico hasta la gente más sencilla. Y la gran aportación de Tomás de Aquino fue elaborar un montón de comentarios escritos sobre aquellas novedades, ayudando a distinguir y a mostrar qué era y qué no de acuerdo con la Revelación cristiana. Ahora lo llamaríamos diálogo fe y razón. Su síntesis doctrinal ha ayudado de manera determinante durante muchos siglos a muchas generaciones.

Cuentan que en los últimos meses de su vida, este gran sabio sorprendía a todo el mundo tomando la decisión de dejar todas sus investigaciones, porque entendía que todo aquello que había escrito era sólo como "un puñado de paja". Un episodio que nos ayuda a comprender su humildad personal y también nos tiene que hacer ver que, por mucho que lleguemos a pensar y decir sobre la fe, la realidad de Dios -que un día nos será revelada del todo- siempre superará nuestras intuiciones. De hecho, sus biógrafos explican que, rezando delante de una imagen del Crucificado, le preguntaba preocupado si todo aquello que había escrito sobre los misterios de la fe cristiana era justo. Desde aquella Imagen le llegó una voz diciendo: "Tú has hablado bien de mí, Tomás. ¿Cuál será tu recompensa"? Y la respuesta de Tomás fue: "Nada más que Vos, Señor"!. Una lección magistral de sabiduría, de libertad y de desinstalación para todos los discípulos de Jesús.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida