Aprovechemos el tiempo de verano

11 Julio 2010

La confrontación con el querer de Dios no es una tarea que se pueda aplazar indefinidamente, mejor lo tendríamos que hacer periódicamente y de manera sistemática. Por eso, hacerlo llenando de contenido tiempos libres, por ejemplo durante las vacaciones, puede ser una buena manera de intentar dar respuesta coherente: unos días de retiro, una cierta experiencia de desierto ...

En la actualidad se multiplican las experiencias de unos días de silencio y son muchas las personas que, periódicamente, buscan así encontrar la paz y la armonía que no disfrutan ordinariamente en la vida. Puede ser una buena manera de experimentar la proximidad del Señor y proyectar en el corazón el sentido del absoluto y de la trascendencia. Pueden ofrecer la posibilidad de una relación muy intensa con Dios, un tú-a-tú donde el hombre se encuentra también a sí mismo sin máscaras.

El "desierto" es recurrente en la Biblia y va más allá de una descripción geográfica u orográfica en el largo itinerario que hace el Pueblo de Israel hacia la "tierra prometida", dejando en los hombros su experiencia de esclavitud en Egipto. Hablar de desierto en el mundo bíblico es hablar de experiencias de intimidad con Dios, de espacio privilegiado donde puede ser percibida su Palabra; lugar de "cortejo" y de encuentro personal, de una relación de corazón a corazón.

Dicen que hoy hay menos sensibilidad por profundizar, pero la vida la hemos recibido como una posibilidad y un quehacer y estamos llamados (y capacitados) a decir y mostrar en lo ordinario de nuestra historia contingente lo extraordinario de la manifestación del infinito, como aseguraban los cristianos de la primera hora: nosotros damos testimonio, y os anunciamos al que es la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos ha manifestado. Pues, os anunciamos aquello que hemos visto y oído..." (1Jn 1, 1-3).

A buen seguro que una buena experiencia de desierto, de silencio interior, invitará a volver a los orígenes y a recuperar el ideal de una vida creyente que busca caminos de fidelidad a la luz de Dios próximo. A buen seguro que facilitará entrar en un recogimiento activo que posibilite superar la presión a la cual nos someten tantas interferencias (tantos 'ídolos') que perturban y confunden una sincera apertura del corazón. Ayudará a excluir disipaciones, capacitándonos para ejercer un control efectivo sobre ellas, y a crear un necesario vaciamiento interior de los recuerdos que perturban. Únicamente así podremos objetivar las experiencias y volver a descubrir que hemos sido creados para el infinito y sólo en el Cristo encarnado apaciguaremos la sed que llevamos en el corazón, y encontraremos una plenitud a la que tendemos constantemente (como decía san Agustín: "Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti").

Éste es siempre un punto de revisión ineludible para todo bautizado: ¿cómo y en qué medida vivo "centrado" en Jesucristo, confrontando sistemáticamente mis criterios con los suyos, sin ninguna exclusión? ¿Quién mueve mi vida?

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida