Tenemos un nuevo diácono

4 Julio 2010

Este domingo nos alegramos particularmente porque nuestra Comunidad Diocesana vive con gozo y agradecimiento la ordenación sacramental de un nuevo diácono, un acontecimiento que nos sitúa nuevamente ante una realidad bien importante: la condición "diaconal" de toda la Iglesia.

Ya es patrimonio común que la palabra diácono significa "servidor" en general. En el Nuevo Testamento este ministerio va unido al servicio de las mesas (Lc 12,37; 17,8; In 12,2; Act 6,2), al servicio cristiano del amor (Mc 10,43 ss; Lc 8,3; Ron 15,25), al servicio del Evangelio o de la vida de la comunidad cristiana.

Un diácono puede alcanzar muchas funciones: proclamar la Sagrada Escritura, instruir al pueblo, bautizar, distribuir la Eucaristía, bendecir el matrimonio, celebrar exequias, guiar asambleas de oración, promover iniciativas de caridad, animar sectores de pastoral o pequeñas comunidades eclesiales, gestionar la administración económica ... El sacramento que reciben los capacita a realizar su servicio con una eficacia particular (Ad Gentes 16).

Sin embargo, más allá de las actividades concretas, es bueno insistir en que el diácono constituye un signo sacramental de Cristo sirviente y promueve la vocación a servir que es vocación común en todo el pueblo de Dios. La "diaconía" caracteriza todos los ministerios de la Iglesia, que son constitutivamente servicios y no tan sólo tareas a cumplir servicialmente.

Aunque sabemos que es Dios quien proyecta, decide y realiza el misterio de "la salvación" mediante Cristo, esta realidad se continúa por la acción de personas concretas, llamadas a "estar con él" y "enviadas a predicar" (Mc 3) ... La iniciativa es siempre de Dios quien traza de muy diferentes maneras las líneas de nuestra vocación, pero todos los bautizados hemos sido objeto de una llamada como la que el Buen Jesús hizo a sus primeros colaboradores enviándolos a proclamar y promover el Reino de Dios: somos llamados a seguirlo de cerca, libres de vínculos y de intereses, y generosos en el servicio.

Tendríamos que profundizar el sentido de la "unción" bautismal: en la Biblia, todo aquél que recibe una unción es consagrado para una misión. El apóstol Pablo dice (a Timoteo y en Tito) que son llamados a ser hombres "de Dios", portadores de unos bienes que no les pertenecen, que no son suyos, y llamados también a vivir en la perspectiva de los que quieren entender el mundo y la historia desde la perspectiva del Cristo Siervo.

Os invito a reunirnos a rezar encomendando a este nuevo candidato, acompañándolo y agradeciendo su decisión libre y generosa que -por gracia de Dios- lo lleva a ser capaz de ofrecer su vida al servicio de la Iglesia. Y quiero dar también gracias a su familia y a todas a las personas que, con su palabra y ejemplo de vida, lo han ayudado a madurar y discernir.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida