El hecho diferencial cristiano

20 Junio 2010

El evangelio no puede ser un barniz decorativo sino que "tiene que transformar, desde dentro, nuestras maneras de pensar, de oír, actuar, de reaccionar, de comportarnos..." (Pablo VI). Eso requiere un replanteamiento de la vida, una opción: no es suficiente vivir cumpliendo únicamente los deberes esenciales, hay que dejarse cuestionar en la vida personal y social y en la manera de estar en el mundo.

Algunos aspectos del testimonio cristiano pueden ser hoy especialmente urgentes y significativos para contribuir a humanizar la vida en esta época de crisis: la solidaridad con los que lo pasan mal (que tiene que llevar necesariamente a promover el sentido y la realización de una distribución de los bienes más justa); tenemos que vivir dando testimonio de ello y haciéndonos portavoces de los más frágiles ... haciéndoles experimentar que Dios los ama; la austeridad y la disponibilidad de nuestra persona y de nuestros bienes en función de objetivos y exigencias que van más allá de las propias ganancias, seguridades e intereses; la gratuidad en los servicios a favor del prójimo, sin esperar recompensa (la entrega y olvido de nosotros mismos al estilo de Jesús) ...

Un gran criterio de acción pastoral es también el diálogo y la cooperación con aquellos que buscan caminos de promoción y crecimiento del ser humano y de sus derechos fundamentales, de su dignidad, de su conciencia, de su libertad.

Como dice un texto de los primeros siglos: "Los cristianos no son distintos de los otros ni por la tierra ni por el habla ni por las costumbres. No habitan ciudades que sean sólo de ellos, no hablan un lenguaje extraño ni llevan su vida particularmente, alejados de todo el mundo ... Viven en ciudades griegas o bárbaras, según la suerte que ha correspondido a cada uno, y se adaptan al vestido, a la comida, a los hábitos y a las costumbres de cada país, pero tienen una manera especial de comportarse que es admirable y sorprendente. Viven a sus patrias, pero como si fueran forasteros. Participan en todas las actividades de los buenos ciudadanos y aceptan todas las cargas, pero como si fueran peregrinos. Toda tierra extraña es patria para ellos, y toda patria es tierra extraña ... Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Observan las leyes promulgadas, pero con su vida van más allá de las leyes. Todo el mundo los persigue, pero ellos aman a todo el mundo. No los conocen, y los condenan. Los matan, pero así les dan la vida ... Los insultan, y ellos bendicen. Los injurian, pero ellos honran..." (Cfr. Carta en Diogenet - Padres Apostólicos).

Evidentemente todo puede ser muy diferente y tenemos que pensar a fondo.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida