Un periodista en los altares

13 Junio 2010

La Beatificación en Linares (Jaén) del Periodista Manuel Lozano Garrido, "Lolo", primer "Premio ¡Bravo"! de Prensa (1971) nos llena de alegría a todos aquellos que valoramos el gran servicio que hacen los trabajadores de la comunicación. Su testimonio de vida nos demuestra que también en condiciones tan particulares, una persona puede ser muy feliz si descubre a Cristo como el centro de su vida.

Va ser "escritor y periodista" dictando a un magnetófono sus 9 libros y centenares de artículos, porque haciendo el servicio militar tiene una parálisis progresiva que lo obliga a vivir en silla de ruedas 28 años, y ciego durante los últimos 9 años. Enfermo, utiliza la radio y sus libros como instrumentos de evangelización y funda una obra pía: "Sinaí", un grupo de oración para la prensa que sostiene mediante una revista para esta finalidad. En su Decálogo del Periodista escribe cosas como éstas: "Trabaja el pan de la neta información, con la sal del estilo y la levadura del eterno, y sírvela troceada por el interés, pero no usurpes al hombre el gozo de saborear, juzgar y asimilar".

Peregrino en Lourdes, recordará siempre su plegaria al pie de la gruta cuando la forzosa inclinación de su cabeza le impide ver la imagen de la Señora. Su hermana Lucy le colocó un espejo encima de las rodillas para que pudiera verla proyectada. Así estuvo un largo rato rogando. Al final, cuando lo retiraron, el espejo estaba cubierto de lágrimas. Más tarde, recordando este momento, escribía dirigiéndose a la Virgen: Te ofrezco la alegría, la bendita alegría”.

Por su fe, Manuel Lozano es encarcelado y allí un Jueves Santo, junto con otros Jóvenes d'AC, vive una noche de adoración del Santísimo Sacramento que su hermana le ha hecho llegar escondido en unas flores. De hecho, la Eucaristía marcará su espiritualidad y, con razón, la primera vez que se celebró la Misa en su casa él pidió colocar la máquina de escribir debajo de la mesa “para que así el fruto de su Sangre se clave en el teclado e impregne su savia todos mis trabajos”. Era la máquina que le regalaron al quedar impedido y con la que lo primero que escribió con algunos dedos que todavía podía mover fue: “Señor, gracias. La primera palabra tu nombre: que sea siempre la fuerza y el alma de esta máquina”. Su hermana guardó este papel que ahora es como una reliquia.

Aquel joven que producía frecuentes y apostólicas emisiones en Radio Linares confesaba: “Aparentemente el dolor cambió mi destino de un modo radical. Dejé las aulas, colgué mi título, fui reducido a la soledad y al silencio. El periodista que quise ser no entró en la Escuela; el pequeño apóstol a que soñara llegar dejó de ir a los barrios, pero mi ideal y mi vocación los tengo delante, con una plenitud que nunca pudiera ni soñar” (M. Lozano, Cartas con la señal de la Cruz, p. 24).

Tico Medina escribía de nuestro nuevo Beato: Manuel Lozano no ve otra cosa que a Dios, aunque escuche el latido del mundo. ¡Hablar de Dios escuchando el latido del mundo! ¿Qué actitud mejor puede tener uno evangelizador?

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo

X Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida