|
Recibir la Confirmación 30 Mayo 2010 Estos días he recordado lo que me decía un italiano cuando acabé la Confirmación de un pariente suyo: "Puro troppo da chico questo sta diventando un Sacramento di partenza, anzi que de inizio di vita comunitaria". Lo encuentro una interpelación de la cual tendríamos que hablar a fondo porque nosotros decimos que la Confirmación (junto con el Bautismo y la Eucaristía) es base y fundamento de la identidad cristiana y eclesial pero, por lo que se ve, muchos consideran Sacramento del adiós aquello que nosotros llamamos Sacramentos de la Iniciación Cristiana. No hay que exagerar, sin embargo, dado que las motivaciones para recibirlo y la preparación necesaria no siempre son demasiado satisfactorias, tenemos en frente un reto pastoral de difícil orientación. Quiero reconocer y agradecer los esfuerzos que hacen los Catequistas y los Sacerdotes, pero algunas celebraciones dan la impresión de realizarse con una fe poco discernida y eso puede desvirtuar la identidad de los mismos sacramentos y de la comunidad que los celebra. Haría falta pensar y orientarlo mejor entre todos para ayudar a la coherencia: los Sacramentos implican la fe en Cristo y la aceptación de la Iglesia como Cuerpo visible de Cristo, primicia de una humanidad nueva. Lo que pasa es que muchos desconocen la comunidad a la que teóricamente se unen y desde la que hacen un camino de preparación. Era desconocida en muchos casos cuando empezaron y sigue siendo desconocida vitalmente después de pasar por ella. Y aunque puede parecer menos importante, tendríamos que empezar también por mejorar la manera de hablar: nadie se confirma sino que es confirmado, "recibe" el sacramento del don del Espíritu, que es la confirmación del Bautismo. La Confirmación configura el bautizado a Cristo, y lo hace testimonio y enviado, plenamente iniciado en la comunidad de creyentes y en la misión recibida de Cristo. De hecho, la primera meta de la pastoral de Confirmación es, ante todo, llevar a los candidatos a participar plenamente y activamente en el banquete eucarístico y en la vida de la Iglesia como miembros de pleno derecho. Además de la necesaria acogida y atención personalizada, tenemos que asegurar que los candidatos descubran y tengan experiencia del Dios revelado en Jesucristo y de la Iglesia como lugar y comunidad con quien celebrar e ir creciendo en esta fe. Hace falta, pues, tener en cuenta hacia donde caminamos en todo lo que hace referencia a los Sacramentos de la iniciación Cristiana y no equivocarnos en los medios que ponemos. Habrá que asegurar la continuidad del proceso catequético de los Confirmados, de manera que abarque todos los aspectos de la vida a partir de las condiciones personales y colectivas propias de su edad. A este objetivo tendría que contribuir, sin duda, la existencia de movimientos juveniles que son y siempre han sido una buena plataforma para introducir progresivamente en la vida de aquella comunidad más ancha y heterogénea que es la parroquia. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |