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Una Iglesia "centrífuga" 23 Mayo 2010 Gracias a la fuerza del Espíritu, la Comunidad de Jesús se atrevió a traspasar los muros del Cenáculo y se dedicó a vivir para los otros poniendo en práctica el mandamiento de Jesús: Id y anunciad a todos ... Vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaría y hasta los confines de la tierra." Celebrando en este nuevo Pentecostés el nacimiento de la Iglesia, pidamos al Espíritu Santo que nos llene de sus dones y nos haga crecer en dinamismo y en capacidad de promover acciones evangelizadoras dando prioridad a una Pastoral centrífuga. Es lo contrario de girar sobre nosotros mismos, fijados preferentemente en cuestiones intra-eclesiales, atrapados en tareas y apostolados más bien de mantenimiento y/o con pocas ganas de "salir de Jerusalén". El envío que nos hace Jesús es a actuar con más confianza en el Espíritu que no deja de empujar mar adentro. Nos puede ayudar a profundizar en el estudio y en la aplicación de lo que nos decía el Concilio Vaticano II (LG 32): "... aunque hay algunos que, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los otros, hay una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común en todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo". He insistido en eso en la Carta Pastoral "Entre todos y para el bien de todos" que nos está acompañando todo este curso. En coherencia con estas orientaciones tenemos que hacer lo posible para que los cristianos laicos vayan pasando de ser preferentemente destinatarios de la evangelización, a ser bautizados sujetos plenamente activos de la misión evangelizadora. Si queremos vivir el espíritu de Pentecostés tenemos que sentir la necesidad de promover una Iglesia más "sinodal" en la que los laicos vayan siendo más protagonistas corresponsables y no tan sólo simples colaboradores del clero. Eso nos pide crecer en una mentalidad y una praxis que nos ayude a practicar la comunión y la complementariedad de carismas, y la capacidad de acoger y valorar las diferencias. Es en este marco donde tenemos que situar el problema de la función eclesial de los laicos que no tan sólo pertenecen a la Iglesia sino que son Iglesia (cfr. Christifideles Laici 9 y 15). Quiero agradecer, una vez más, la participación responsable y constructiva de los más de cien grupos que han dedicado tiempo y esfuerzo en el proceso de análisis y discernimiento de nuestra situación actual en la Iglesia de Lleida y nos han ofrecido sus reflexiones y sugerencias. El próximo sábado, si Dios lo quiere, tendremos ocasión de compartirlo en La ASAMBLEA que celebraremos y a la cual todos estamos invitados. Será una buena manera de vivir una experiencia de fraternidad y de participar más orgánicamente en la vida de la Iglesia diocesana y en su ministerialidad. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |