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Diaconía de la comunicación 16 Mayo 2010 La Jornada Mundial de las Comunicaciones que celebremos hoy es una llamada a la comunidad cristiana a descubrir y aprovechar las conquistas tecnológicas para ofrecer el anuncio del Evangelio. El mensaje papal habla de nuestra época como de una 'nueva historia' que pide un compromiso más intenso y eficaz de los cristianos también en el mundo digital, porque la solicitud amorosa de Dios Jesús por nosotros continúa siendo una realidad bien concreta y actual entre los numerosos cruces de la red del ciberespacio, y su llamada tiene que poder llegar a nuestras casas y a los corazones de creyentes y no creyentes, todos sedientos de absoluto. Benedicto XVI dice que, de la misma manera que el profeta Isaías imaginaba una casa de oración para todos los pueblos (Is 56,7), será posible imaginar que podemos también abrir en la red un espacio -como el «patio de los gentiles» del templo de Jerusalén- para aquellos para los cuales Dios continúa siendo un desconocido. Es aquí donde habla de una «diaconía de la cultura» en el continente digital porque no puede haber ningún camino cerrado a la iniciativa creyente con el fin de ofrecer la Buena Noticia de Jesucristo resucitado. Hay quien señala como una asignatura pendiente de que la comunicación no acabe de estar situada orgánicamente en nuestra Pastoral. Resulta más fácil identificar a los catequistas, voluntarios de Cáritas, ministros y colaboradores de la liturgia, que los que realizan su apostolado utilizando los instrumentos de la comunicación social. Hay que ir dando pasos en esta tarea que no se puede considerar marginal en la vida moderna. La Iglesia nace del acontecimiento comunicativo del Verbo encarnado habitando entre los hombres y reúne a los discípulos en virtud de la escucha de su Palabra y de la Palabra del Padre, enviándolos después al mundo como testigos y anunciadores. Tenemos este encargo del Señor (Mt 28, 19) pero no lo podemos comunicar de cualquier manera. El comunicador evangelizador es un testigo de Cristo y, como los apóstoles, tiene que decir su experiencia profunda de fe personal y comunitaria, aquello "que ha visto y oído". El nuestro es un periodo muy dinámico, que abre a la comunicación eclesial muchas posibilitadas y hay que vivirlo con serenidad y entusiasmo. Es verdad que hay grandes poderes informativos ante los cuales nos sentimos pequeños y pobres. Pero también es verdad, como os he dicho en la Carta Pastoral "Entre todos y para el bien de todos", que nuestra Iglesia de Lleida se ha demostrado siempre viva y fecunda, y tiene que sentir "el gozo y la responsabilidad de hacer llegar el mensaje de Cristo" (Concilio Provincial Tarraconense, Resolución 1ª), y lo tenemos que hacer estando muy cerca de la vida real de las personas. Es por eso también que, en sintonía con la Comisión Episcopal de Medios, os animo a intentar conseguir más espacio para los medios en la Iglesia y un mayor espacio para Dios en los medios. Recibid el saludo de vuestro hermano obispo, X Joan Piris Frígola Obispo de Lleida |